Clasicosis

James Stewart: El caballero correcto y educado.

Como ya visteis hace unos días, no todo son películas, también vamos a hablar de actores y actrices que marcaron toda esta ‘época dorada’ del cine norteamericano. Comenzamos con una mujer, Maureen O’Hara, y hoy continuamos con uno de los grandes, James Stewart.

James Maitland Stewart (Pennsylvania, 1908 – California, 1997) es una de las caras más reconocibles del cine de la primera mitad del siglo XX. A lo largo de su vida rodó 96 películas, y yo creo que podría encontrar hasta 10 que son imprescindibles, lo cual es un lujo en la filmografía de cualquier actor. Una de las razones para conseguir una carrera tan brillante fue su versatilidad, podemos ver a Stewart en comedias, westerns, thrillers o screwballs, además de rodearse de los mejores directores de estos años como Ernst Lubitsch, John Ford, Frank Capra, Otto Preminger o Alfred Hitchcock. El hecho de interrumpir su carrera cuando empezaba a tener éxito para irse a combatir a la II Guerra Mundial, hizo que siempre tuviera el cariño de un público tan patriótico como el estadounidense.

James Stewart tenía un cierto aire de persona tranquila y educada, y por eso vemos que sus papeles siempre fueron de héroe, casi nunca de villano. Aunque con esto no quiero decir que fuera algo plano, que estuviera encasillado en un tipo de rol, porque conseguía con una escasa expresividad gestual y facial demostrar lo que su personaje estaba sintiendo. No era un actor de aspavientos y muecas, pero siempre conseguía transmitirnos.

 

Para analizar su trayectoria vamos a empezar por las comedias y screwballs, de la mayoría de ellas seguro que hablaremos más adelante, pero no podemos pasar de largo títulos como “Historias de Filadelfia” (The Philadephia Story, 1940) por la que se llevó su único Oscar (sin contar el honorífico), esta es una de las mejores screwballs de la historia, con un reparto inmenso y una historia completamente alocada. Y justo después estrenaría “El bazar de las sorpresas” (The shop around the corner, 1940) película de la que hablaremos en la sección "remake" ya que Tom Hanks y Meg Ryan decidieron exterminar todo el encanto original en su “Tienes un e-mail” (You’ve got a mail, 1998). Y para acabar, una comedia pura y dura, “El invisible Harvey” (Harvey, 1950) donde Stewart da vida a una persona encantadora y amiga de todos si no fuera porque va siempre acompañado por un conejo imaginario gigante.

Su relación con ciertos directores fue tremendamente fructífera, por ejemplo, con Frank Capra trabajaría en la inolvidable “Qué bello es vivir” (It’s a wonderful life, 1946) emitida todas las navidades desde que el mundo es mundo en la televisión. También en “Caballero sin espada” (Mr Smith goes to town, 1939) donde ansiamos que toda la clase política fuese como este ingenuo senador. Pero si yo tuviese que elegir me quedaría con “Vive como quieras” (You can’t take it with you, 1938) con ese canto a no dejarnos doblegar por el dinero o el trabajo y disfrutar de la vida como a cada uno le venga en gana.

Y si esta relación fue fructífera ya ni hablemos de la que tuvo con Hitchcock, de donde sacamos títulos como “Vértigo (De entre los muertos)” (Vertigo, 1958), “La ventana indiscreta” (Rear Window, 1954) dos peliculones con mayúsculas o “El hombre que sabía demasiado” (The man who knew too much, 1956) donde Hitchcock hace un remake de su propia película y la mejora con creces. Y no podemos olvidar de “La soga” (Rope, 1948) un experimento donde estamos siempre en el mismo escenario y la cámara no se mueve en toda la película.

 

Si nos adentramos en el lejano oeste, hay dos nombres que directores que destacan, Anthony Mann y John Ford. James Steward rodó con Mann cinco westerns, cambiando el estilo que se llevaba en la época, mucho más superficial, por uno que profundiza mucho más en la personalidad de estos héroes como en “Tierras lejanas” (The far country, 1954) u “Horizontes Lejanos” (Bend of the river, 1952). Junto con Ford hace tres films, pero yo destacaría una grandísima película que todo aquel que asegura que los westerns no son lo suyo debería ver para quitarse sus prejuicios y descubrir que no todo es indios contra vaqueros. En “El hombre que mató a Liberty Balance” (The man who shot Liberty Balance, 1962) Ford le da un giro al género y dirige una de sus mejores películas.

Unos de los papeles más sólidos de toda su carrera, en mi opinión, es “Anatomía de un asesinato” (Anatomy of a murder, 1959), un drama judicial de Otto Preminger que si no fue por su excesiva duración, que a mi me suele echar bastante para atrás, sería quizás una de las mejores películas de abogados de todos los tiempos, y si no existiera “Matar a un ruiseñor” (To kill a mockingbird, 1962) claro, que para mí es la mejor.

A nivel personal hay poco que destacar de este actor, fue como en sus papeles, una persona discreta y educada. Uno de sus grandes amigos fue Henry Fonda, con quien hasta compartió habitación mientras se buscaban la vida como actores en Nueva York. Sus diferencias políticas (Stewart republicano y Fonda demócrata) hicieron que una vez llegaran a las manos, pero acordaron no volver a hablar de política nunca más para mantener su amistad. Estuvo cuarenta y cinco años casado con Gloria Hatrick, hasta el fallecimiento de ella, y tuvieron dos hijas, además de los dos hijos de un matrimonio anterior de su mujer.

Yo ya me he mojado, creo que es un grande indiscutible de la época y se merecía esta entrada, ¿vosotros estáis de acuerdo?