Clasicosis

Jack Lemmon: Dale lo que quieras que lo bordará.

Si la última vez hablamos de un actor fue de James Stewart, marcado por su sobriedad y compostura, en esta ocasión vamos con uno que se atrevió con todo. Jack Lemmon fue uno de los actores más versátiles de su época, tuvo el valor de hacer de todo y el talento para salir siempre bien parado.

John Uhler Lemmon III nació en 1925 en el ascensor de un hospital de Boston donde a día de hoy figura la típica placa de “Aquí nació…”. A pesar de esta peculiar forma de venir al mundo nació en una buena familia, estudió en Harvard y sirvió en la 2ª Guerra Mundial. Comenzó en la radio y el teatro y tuvo una de sus primeras oportunidades en el cine de la mano de Geroge Cukor en “La rubia fenómeno” (It should happen to you!, 1953). Dicen que Cukor tras varias tomas no estaba contento con el excesivo histrionismo de Lemmon y éste acabó diciendole “como siga así, acabaré por no actuar” a lo que el director contestó “Pues de eso se trata, señor Lemmon... Veo que nos vamos entendiendo” y parece que se lo aplicó bien, porque nunca le podremos acusar de pasarse de vueltas.

Un par de años después de su debut ganó su primer Oscar por “Escala en Hawai” (Mister Roberts, 1955) película dirigida por John Ford y Mervyn LeRoy que le puso en el mapa de las estrellas de Hollywood y de ahí se adentró en el mundo de la comedia donde se hizo un gigante. En este campo tuvo dos grandes aliados, Billy Wilder y Walter Matthau, con el primero trabajó en seis ocasiones, y con el segundo formó una de las grandes parejas cómicas de finales de los 60. Pero también hay que destacar al director Richard Quine, con quien trabajó también en seis películas en la primera mitad de su carrera, todas ellas comedias y la mayoría de tinte romántico.

Hay títulos que ya van a ser inmortales, como por ejemplo, “Con faldas y a lo loco” (Some like it hot, 1959), donde Lemmon se come la película literalmente, con Marilyn Monroe en el papel de rubia tonta y Tony Curtis en el de ligón, dejan que Jack Lemmon de rienda suelta a la locura sobre tacones y nos arranque una sonrisa en cada escena. Siguiendo con las películas dirigidas por Wilder, hay que nombrar sí o sí “El apartamento” (The Apartment, 1960) donde retrata a un perdedor de quien todo el mundo abusa. Se considera una comedia, pero tiene un sabor amargo que es quizás lo que la hace tan grande, para mí una obra maestra. Una de mis debilidades es otra película de Lemmon, Wilder y Shirley MacLaine, “Irma la dulce” (Irma la douce, 1963) una comedia que te llega al alma.

 

Hay mucho perdedor entre los personajes a los que dio vida, gente que cree que no vale mucho, o de quien se aprovechan y manejan a su antojo, infelices que viven sin ganas ni ambición, pero todos están dotados de una humanidad que nos convence y les sacamos del cajón de los tópicos y los ponemos en el de "gente real".

Pero si hay una historia de perdedores y desgarradora, esta es “Días de vino y rosas” (Days of wine and roses, 1962), donde vemos a un matrimonio marcado por el alcoholismo. Una película tremenda donde te emociona y te vapulea continuamente con un gran Jack Lemmon pero con también una inmensa Lee Remick.

En 1966 Billy Wilder le tenía preparada otra sorpresa a uno de sus actores más recurrentes, juntarle en la gran pantalla con Walter Matthau. En “En bandeja de plata” (The fortune cookie, 1966) Lemmon sufre un pequeño accidente trabajando como cámara en un partido de fútbol, es algo sin importancia, pero su ambicioso cuñado, un abogado, le trata de convencer para que finja un poco y así sacar una buena tajada cuando le indemnicen. Esta dinámica se va a mantener en muchas de las comedias que estos dos monstruos realizaron, uno es un buenazo que quiere hacer las cosas bien y el otro tiene bastante más carácter y siempre querrá salirse con la suya. Esta unión duró más de treinta años, ya que en 1998 rodaron su última película juntos “La extraña pareja, otra vez” (The odd couple II). Matthau fue el actor elegido por Lemmon para protagonizar el único film que dirigió, “Kotch” (id, 1971).

 

Aunque ya está casi olvidada, por “Salvad al tigre” (Save the tiger, 1973) se llevó otro Oscar, una película menor donde interpreta a un hombre en plena crisis de edad, crisis matrimonial, crisis económica, etc. Es de los pocos actores que ha conseguido ocho nominaciones a lo largo de su carrera y el único que ha ganado dos años seguidos la Palma de oro del festival de Cannes, por “El síndrome de China” (The China syndrome, 1979) y “Desaparecido” (Missing, 1981),

En su vida privada se casó dos veces, su matrimonio con Cynthia Stone duró seis años y tuvieron a su hijo Chris. En 1962 se casó con Felicia Farr, tuvieron una hija y estuvieron juntos hasta la muerte del actor a causa de un cáncer en 2001.

Puede que Jack Lemmon sea una de las últimas estrellas del Hollywood clásico, una época que terminó con la llegada de un cine mucho más rebelde y otro tipo de historias, actores y directores en los años 70. Yo ya estoy cogiéndole medidas a mi pasillo para ponerle una rotonda a este enorme actor que es lo mínimo que se merece después de todo lo que me ha hecho vivir.