Clasicosis

Personajes eternos: Sir Wilfrid Robarts (Testigo de cargo).

- ¡Médicos! ¡Me han privado de todo: alcohol, tabaco, compañía femenina...! ¡Si al menos me dejasen trabajar en algo que valga la pena!

- Lo siento, Sir Wilfrid.

- Coge una caja más grande, más bolas de naftalina y guárdame también.

Hace casi un año que no sacaba algo de tiempo para centrarnos en un gran personaje de un gran film. Quizás fuese por falta de ideas pero cuando hace unas horas me senté a ver de nuevo "Testigo de cargo" (Witness for the prosecution, 1957) la respuesta apareció ante mis ojos.

Billy Wilder le brindó en bandeja este personaje y acabó considerando a Laughton como "el más grande de todos los actores". El mejor no sé si se puede decir que fue, pero Charles Laughton era uno de los actores más entregados antes de que el famoso método del Actor's Studio apareciese. Y para muestra un botón. Laughton estaba inseguro al interpretar a un personaje con una dolencia cardíaca, así que decidió fingir un ataque mientras se bañaba en la piscina de su casa. Tanto su mujer como algún huésped picaron el anzuelo y se llevaron un buen susto.

Sir Wilfrid Robarts (Charles Laughton) es un eminente abogado inglés que acaba de salir del hospital tras un ataque al corazón. Los médicos le prohíben llevar casos criminales que puedan suponerle tensión y agotamiento. Ese mismo día aparece ante su puerta un caso de lo más interesante que, aunque no deba, no quiere dejar pasar.

Sir Wilfrid está permanentemente acompañado de una enfermera que intentará controlarle. Miss Plimsoll está interpretado por Elsa Lanchester, esposa de Laughton en la vida real y con quien ya había trabajado anteriormente. La química entre ellos y el choque constante de sus personajes los convierten en el perfecto alivio cómico del film. Su parte no estaba escrita en la obra de Agatha Christie, sin embargo Billy Wilder se tomó la libertad de añadir a esta irritante y cursi mujer. En parte, gracias a ella es tan fácil empatizar con este jurista cascarrabias.

Desde el primer momento se nos presenta como un hombre protestón e ingenioso que no sabe ser paciente. Acostumbrado a salirse con la suya, a veces es mejor usar psicología de niño para llevarle a nuestro terreno. La escena de la plataforma elevadora en las escaleras es una gran muestra de ello. Su posición de prestigio y su avanzada edad le hace decir lo que quiere cuando quiere, lo que es un privilegio para el espectador.

Charles Laughton borda cada aspecto del personaje. Como buena adaptación de Christie, estamos ante un film de intriga pero durante todo este proceso judicial e investigación, Wilder impregnará el texto de sarcasmo y humor. El personaje de Sir Wilfrid debe balancearse de un lado a otro sin caer en el exceso en ninguno de los dos extremos. Laughton engrandece el ya de por sí fantástico guion de Billy Wilder y Harry Kurnitz. Llegó a aportar detalles al personaje como el uso de mónoculo como método de intimidación, una idea que sacó de su propio abogado (y de otras estrellas como Marlene Dietrich) Florance Guedella. Moldea el personaje hasta acerlo suyo. No se dedica a recibir órdenes de un director sino que se involucra en crear un personaje que, al final, nadie podría interpretarlo mejor.

La maestría de estos dos genios, Wilder en el guion y dirección y Laughton en la actuación, le hace innegable un hueco en esta sección. No es raro que ésta no sea la primer vez que un personaje escrito por el realizador austríaco se cuela entre nuestros "personajes eternos". Pocos dibujaban tan bien a un personaje y elegían al intérprete perfecto para el mismo. Laughton siempre se comió la pantalla y en esta ocasión aprovecha la oportunidad para pasar a la historia con un personaje inolvidable.