Clasicosis

Personajes eternos: Mujeres de ficción que integraría en mi vida.

Como cada 8 de marzo, se está celebrando a nivel mundial el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. No voy a entrar a valorar la funcionalidad, validez, o efectividad de un día como éste. Desgraciadamente el mundo aún necesita días como el de hoy y discursos como el de Patricia Arquette en la última entrega de los Oscars. Mi idea es puramente cinéfila. Hoy quiero rescatar personajes de ficción que me encantaría tener a mi alrededor en mi vida diaria. Mujeres que me inspiran o me aportan. Y por cada una de ellas hay una pequeña razón de su elección. Es una lista absolutamente personal (y a su vez poco meditada). He intentado no incluir grandes clásicos de la literatura o personajes históricos aunque, como en todo, hay excepciones.

El orden es completamente aleatorio, aunque ya de empezar, empiezo por ella:

 

Eve Kendall, porque está y no está, es y no es. (Con la muerte en los talones, 1959)

 

Vienna, porque sin ayuda también se puede. (Johnny Guitar, 1954)



Tula, por su fortaleza y convicción. (La tía Tula, 1964)



Tess Harding, porque está en la élite laboral y no pide permiso ni perdón. (La mujer del año, 1942)



Annie, porque su humanidad traspasa. (Imitación a la vida, 1959)



Ilya, es puta sí, es feliz sí, es libre sí. (Nunca en domingo, 1960)



Gilda Farrell, porque ella lleva la batuta, sin remordimientos. (Una mujer para dos, 1933)



Cristina de Suecia, porque la persona aflora sobre el cargo. (Cristina de Suecia, 1933)



Terry McKay, por su irrompible pureza y dignidad. (Tú y yo, 1939 y 1957)



Noriko, porque sabe estar, cómo, cuándo y dónde. (Cuentos de Tokio, 1953)



Fran Kubelik, porque está rota y no lo niega. (El apartamento, 1960)



Lucy Muir, porque quiso salir a intentar ser independiente. (El fantasma y la señora Muir, 1947)


Alma, porque sin darse cuenta, da hasta quedarse hueca. (Persona, 1966)


Marie Allen, porque por 20$ se pagó una buena educación. (Sin remisión, 1950)


Lucy Cooper, por ser un bofetón con guante de terciopelo. (Dejad paso al mañana, 1937)



Yang Kwei-fei, porque sabe calmar, regala paz. (La emperatriz Yang Kwei-fei, 1955)



Cabiria, porque vive en un sueño. (Las noches de Cabiria, 1957)



Nora Charles, por su inteligencia e ingenio. Y su aguante bebiendo. (Saga ‘The Thin Man’).



Julie Maragon, porque no se da ni cuenta de lo avanzada que es, parece fácil ser mujer en el oeste. (Horizontes de grandeza, 1958)



Charlotte Vale, porque rompió el cascarón. (La extraña pasajera, 1942)


Angela, porque a veces no nos creemos que la vida sonría. (El ángel de la calle, 1928)



Saunders, porque no sólo es guía, también es brújula moral. (Caballero sin espada, 1939)

 

Esta lista ha ido surgiendo a medida que algunos personajes venían a mi cabeza, a muchas de ellas les debo una nueva visita. Espero que la memoria no me estén engañando y todas sean dignas de esta pequeña mención. Ahora es vuestro turno, animáos y dadme vuestras opciones.