Clasicosis

Personajes eternos: Abby y Martha Brewster (Arsénico por compasión)

- No gastes bromas con las hermanas Brewster. Son las dos ancianitas más dulces y más buenas que conozco, viven como fuera de este mundo.

En esta sección repasamos a grandes personajes de ficción que atrapan la atención del espectador, que marcan una película, o que nos conquistan y los adoramos sin poderlo remediar. Las dos protagonistas de hoy es un compendio de todo esto. Sin ellas no habría película, sus disparatas ideas y forma de ver la vida (y la muerte) nos mete en la historia. Pese a lo moralmente reprobable de su comportamiento, les cogemos cariño desde el primer minuto. Y cuando hemos terminado de ver el film ya nos han dejado huella, olvidarlas será imposible.

“Arsénico por compasión” (Arsenic and old lace, 1944) es una de las mejores comedias negras del cine clásico. Frank Capra lleva al cine una obra de teatro disparatada, ácida, ingeniosa, surrealista y algo macabra. Cary Grant es el protagonista, un sobrino a punto del infarto en todo momento, pero está acompañado por un numeroso reparto entre se encuentran Edward Everett Horton, Peter Lorre o Raymond Massey.

Josephine Hull y Jean Adair son Abby y Martha Brewster respectivamente. Dos encantadoras y dulces ancianas que viven con su sobrino, un hombre que se cree Teddy Roosevelt. Ellas tienen la vida resuelta pero deciden amablemente alquilar una habitación en su casa para quien no tenga a nadie. Lo que no saben los nuevos huéspedes es que ellas, en un arranque de bondad sin precedentes, decidirán echar un poco de arsénico, estramonio y cianuro al vino, porque si no tiene a nadie en el mundo, no merece la pena vivir.

Las tías de Mortimer son dos asesinas que se escudan en su ingenuidad e ignorancia, creen que lo que hacen es un gesto de amor hacia los demás, y ver cómo se explican y defienden nos provocan una gran cantidad de carcajadas. Su físico ayuda, Martha, la más alta y delgada es seria y práctica, ella se encarga de encontrar la fórmula mortal perfecta. Abby, sin embargo, es de esas señoras bajitas y algo rechonchas achuchables a más no poder, se gana el cariño de la gente al instante.

 

Josephine Hull y Jean Adair ya llevaban tres años interpretando a sus personajes de la película en Broadway, de hecho, John Alexander también las acompañó en el paso de la obra a la gran pantalla. Aquí se puede ver que la química entre las dos mujeres funciona a la perfección y le tienen la medida tomada al personaje. Ahora mismo es imposible pensar en ninguna otra actriz para cualquiera de estas dos ancianitas. La naturalidad con la que hablan de sus fechorías son las que consiguen hacer estos personajes idóneos para esta sección. Si ellas no merecen unas letras dedicadas única y exclusivamente a la locura que aportan al film y por ende a la historia de la comedia, yo ya no sé quien se lo merece.