Clasicosis

Off Hollywood: 'La tía Tula', 50º aniversario.

- Ahora tienes que ponerle remedio.

- Padre, yo no soy remedio de nadie.

- Hija, soberbia... Examínate bien, eso es soberbia.

- No lo crea, Padre. Más bien respeto de mi misma.

Ficha: La tía Tula.

El cine tiene el don de presentarnos personajes impagables. En tan solo 100 minutos nos regala un personaje rico en matices y con una historia interesante que nos sumerge en una realidad que por muy lejana que nos parezca puede ser universal y atemporal. Hoy cumple 50 años uno de los films españoles de la década de los 60 más lúcido y acertado. “La tía Tula” (1964) es una magnífica muestra de la España reprimida de la época a pesar de estar basada en un libro de 1907 de Miguel de Unamuno.

Estamos ante una película declarada de especial interés cinematográfico. Y no es para menos. La historia va levantando capas y capas de la hipocresía social en la que se vivía hasta dejar al espectador con el corazón completamente encogido y enfurecido. La censura le realizó ocho cortes al film y ni con esas pierde fuerza. Si normalmente se dice que es mejor sugerir que mostrar es por cosas como ésta.

Ya la entrada de los créditos iniciales es de cortar la respiración. En el velatorio de su hermana vemos como Tula (Aurora Bautista) está pendiente de sus sobrinos y atiende a su cuñado (Carlos Estrada). Esta estoica mujer se oculta detrás de una puerta y comienzan a aparecer el título del film y los nombres de todos lo que en ella participan. Sobre este cambio en la vida de Tula girará el film.

A pesar de basarse en una novela de 1907, “La tía Tula” está adaptada a la España de provincias de los años 60. Una mujer soltera e independiente pasará prácticamente al instante a convertirse en su hermana fallecida. Deberá criar a sus sobrinos y atender todas las necesidades de su cuñado. Pero Tula es distinta, es una mujer de carácter. Acogerá a sus sobrinos sin problemas pues los quiere como si fueran suyos. Lo que no parece entender una sociedad como en la que le tocó vivir es su idea de querer seguir soltera. Hay quien elucubra con la idea de que Tula sea lesbiana. Ni lo sabemos ni es un dato importante. Es el machismo más repugnante el que impregna esta historia.

Tras un dramático encontronazo con su cuñado, Tula acude a confesarse y toda la conversación con el cura deja clara la postura de la Iglesia. A día de hoy es abominable, esta película consigue que me hierva la sangre en varias escenas. Lo retorcido de todo ésto es que visto a posteriori, posiblemente Tula habría preferido que la sangre llegase al río.

Aurora Bautista es la película, ninguna otra actriz podría haber hecho un trabajo mejor. Esta complicada y rompedora mujer está interpretada con una naturalidad que fascina y no nos deja apartar la mirada. Carlos Estrada tiene un complejo papel. Por momentos da la impresión de cierta modernidad y hombre de su tiempo y en otros es de lo más cavernario. El film tiene una tensión sexual completamente inusitada en una cinta de esta época. Esta tensión se mantiene bastante palpable a lo largo de todo el metraje pero también se combinan con fantásticas escenas de corte más alegórico.

Miguel Picazo se llevó el premio del Festival de San Sebastián por su dirección. Participó en el guion junto con José Miguel Hernán, Luis Sánchez Enciso y Manuel López Yubero. Tanto lo que se dice como lo que no se dice está completamente medido. El film tiene una puesta en escena a la que no se le pueden poner pegas. El uso del blanco y negro en una historia tan asfixiante es todo un acierto. La fotografía de Juan Julio Baena da realismo lo que resulta aún más crudo.

Hay dramas familiares que van más allá del entretenimiento. “La tía Tula” se basa en una historia especialmente dura y la aprovecha para acabar siendo un reflejo de una sociedad que nos rodeaba hace tan sólo 50 años. Demoledora pero real, la tradición y el qué dirán mandaba por encima del bienestar de nadie. Especialmente si ese nadie era una mujer. A Tula hay que aplaudirla hasta que nos duelan las manos.