Clasicosis

Off Hollywood: ‘Te querré siempre’

- No debí hacerte caso, si hubiéramos venido en avión ahora mismo estaríamos de vuelta en Londres.

- Quería que te relajaras, no sabía que te aburrías tanto estando a solas conmigo.

Ficha: Te querré siempre

Volvamos a  Italia, volvamos a Ingrid Bergman. Hoy traigo uno de esos títulos que tienen cabida en blog si lo cogemos con pinzas. Roberto Rossellini siempre iba un paso por delante, con “Roma, cuidad abierta” (Roma, città aperta 1945) plantó las bases del movimiento neorrealista italiano y con este título acabó de un plumazo con el cine clásico convencional, de hecho se podría decir que esta película, sin ser una revolución de la técnica cinematográfica, sin ser rompedora, impactante o formalmente distinta a todo, es el primer peldaño de lo que luego sería el cine moderno. Todo esto en 1954.

“Te querré siempre” (Viaggio in Italia, 1954) es una de esas películas aparentemente simple, pero cuanto más te fijas o cuanto más piensas en ella una vez acabada, más detalles, matices y profundidad descubres. Lo que personalmente considero un auténtico lujo, no me gusta que mastiquen por mí.

 

Los Joyce son un matrimonio inglés que viaja en coche hasta Nápoles para vender una villa que acaban de heredar. Tras el largo viaje se dan cuenta que cada vez tienen menos en común, están cansados el uno del otro pero la rutina de su vida diaria prácticamente lo había camuflado. Durante esta estancia en Italia, Katherine (Ingrid Bergman) dedica su tiempo a conocer la historia y la cultura de la zona guiada por los recuerdos de un antiguo pretendiente que estuvo por allí. Por el contrario, Alex (George Sanders) decide ir a Capri a disfrutar de fiestas y de jóvenes conquistas. Planes completamente apuestos.

A pesar de la simpleza del argumento, Rossellini no decepciona y nos lleva a los terrenos que a él le gustan. El final puede ser bastante polémico, se precipita en los últimos minutos, pero si lo analizamos un poco vemos que todo el film nos ha llevado a ese punto. Al igual que en “Stromboli, tierra de Dios” (Stromboli, terra di Dio, 1950), mi obra favorita de Rossellini e incluso de Bergman, el entorno tiene un importancia vital en el desarrollo de la trama. Me estoy refiriendo específicamente al entorno físico, la importancia de encontrarse en un país de costumbres y cultura tan distinta a la anglosajona como es Italia. Las ruinas de Pompeya tienen una gran importancia en la evolución de los personajes. Los lugares se involucran en la historia, hablan, ponen en perspectiva y calan hondo, especialmente al personaje de Katherine.

Las interpretaciones, tanto de Ingrid Bergman como de George Sanders, son soberbias.  En el film no hay grandes discusiones que muestren el porqué este matrimonio está al borde del divorcio sino que hay una indiferencia, un hartazgo, susceptibilidad e irascibilidad que se respira a cada momento. Para alcanzar esta sensación, un buen trabajo interpretativo es imprescindible. Ingrid Bergman es una actriz acostumbrada a estar al frente del reparto y a deleitarnos con sutiles actuaciones. Por otra parte, de George Sanders se podría decir que fue uno de esos “secundarios de lujo” por lo que verle aquí en un papel protagonista y con una actuación tan sólida es un auténtico placer.

 

Esta película es una gran despedida al tándem formado por Rossellini y Bergman, una grandísima obra que tras esa apariencia de simplicidad esconde un profundo análisis de lo que une a dos personas. Mientras tanto, nosotros al otro lado de la pantalla no podemos ni desviar la mirada, tiene un magnetismo que, a pesar de que parezca que no está pasando nada, nos emboba hasta el último minuto, incluso hasta unas cuantas horas después.

 

P.D.: Si leéis un poco entre líneas veréis donde voy a pasar los próximos días, seguiré publicando, pero hasta la vuelta no responderé a los comentarios. Si queréis hacerme feliz, ponedme muchos deberes para la vuelta.