Clasicosis

Off-Hollywood: ‘El tercer hombre’

- En Italia, en 30 años de dominación de los Borgia hubo guerras, terror, sangre y muerte, pero surgieron Miguel Angel, Leonardo da Vinci y el Renacimiento. En Suiza hubo amor y fraternidad, 500 años de democracia y paz y ¿que tenemos? El reloj de cuco.

Ficha: El tercer hombre.

Tercera ocasión que salgo de Hollywood para ver una producción de un país diferente, hasta ahora siempre he viajado a Europa, primero a Francia con ‘Alphaville’ y más tarde a Polonia con ‘Cenizas y Diamantes, la primera no fue una experiencia del todo reconfortante, pero la segunda fue un descubrimiento, para mí, maravilloso. En esta tercera ocasión, para no cambiar la rutina, vuelvo a Europa, pero a otro país, Reino Unido, para mostraros una buenísima alternativa al cine negro norteamericano.

En una época difícil, en la que Viena esta divida por sectores gobernados por el bando de los aliados de la Segunda Guerra Mundial, llega a esta ciudad Holly Martins (Joseph Cotten), un escritor de segunda, invitado por su amigo Harry Lime. AL llegar descubre que su amigo ha muerto, y la policía le cuenta que este estaba metido en el tráfico de medicamentos, pero para Holly algo no cuadra en la muerte de su amigo Harry, así que junto a Anna (Alida Valli), empezará a investigar que ocurrió realmente.

Carol Reed dirige una obra clave en el cine negro, porque nos muestra que no solo Hollywood posee la técnica necesaria para crear una buena historia y rematarla con una buena técnica, aunque parte de la producción creo que proviene de Estados Unidos, ya que además de Alexander Korda, otro de los productores es el gran David O. Selznick, uno de los mayores magnates de la industria cinematográfica. Además de poseer una dirección bastante buena, donde los planos picados y contrapicados están a la orden del día y el ritmo del film no decae, ese aire de misterio te atrapa y no te soltará hasta que descubras que pasó con Harry Lime. Pero además de todo esto, la película cuenta con una fotografía grandiosa, en la que el juego de luz y oscuridad está llevado con gran maestría por Robert Krasker. Y todo está ambientado por una música que se te mete en la cabeza y, por lo menos a mí, me la paso tarareando todo el día, esta corrió a cargo de Anton Karas, que compuso una canción especialmente para el film, es la que se escucha durante todo el largometraje.

Otro punto a favor del film es que no te carga la historia con una multitud de personajes, pocos son los actores que intervienen con una interpretación importante. Joseph Cotten está a la altura del film metiéndose en el papel del amigo que hará lo que sea por descubrir la verdad, que aunque le intenten obligar a que lo deje, él seguirá cueste lo cueste. Alida Valli me sonaba que había trabajado con Hitchcock, y así es, en ‘El proceso Paradine’, y al igual que en esa película, me parece una actriz un poco sosa. Y para terminar un trío protagonista tenemos la aparición de Orson Welles, cuya entrada en el film es espectacular, es uno de esos momentos de juego de luces que me encantan.

Como ya he dicho un film clave para el cine europeo frente al americano, que consigue lo que se propone con creces, que es mantener al espectador frente a la pantalla viendo las andaduras de un hombre que se mete en un problema sin quererlo y, conforme avanza descubrimos más y más, hasta que todo llega a un momento que no puedo contar aquí. Una película totalmente recomendable para aquellos que no la hayan visto, naturalmente.