Clasicosis

Off Hollywood: Persona.

"Puedes negarte a moverte y hablar. Al menos no mientes. Puedes encerrarte en tu propio mundo. No tienes que representar ningún papel, hacer gestos falsos ni cambiar el rostro."

Ficha: Persona.

Cada vez que ponemos un pie fuera de Hollywood vemos claramente como las vanguardias cinematográficas se germinaron en Europa. A pesar de que la década de los 60 ya es el principio del fin del cine clásico, este título es prácticamente impensable al otro lado del charco. Ingmar Bergman tiene un estilo absolutamente propio y esta película puede ser el mayor exponente de lo personal de su cine.

"Persona" (id, 1966) tiene unos primeros minutos dignos de un corto surrealista de Maya Deren. Una vez visionado el film cobran sentido, pero han cumplido su propósito. Muestra el tono del film, pone en alerta al espectador y avisa que nos adentramos en un terreno muy poco explorado.

Elisabeth Vogler (Liv Ullman) es una actriz que tras una representación se queda sin movilidad ni habla. Tras descubrir que su problema es puramente psicológico se la pondrá bajo los cuidados de la joven enfermera Alma (Bibi Andersson). Con el paso del tiempo, y a pesar del mutismo adquirido de la actriz, la relación evolucionará y se transformará en hasta dejar una huella imborrable en ambas protagonistas.

En cada uno de sus films, Bergman analiza la psique humana y pone el dedo en la llaga. Saca a relucir nuestras miserias sin olvidar que el cine es arte. Más allá de esta historia está la forma en la que se cuenta. Convirtiéndose en la definición perfecta de "cine de autor", tanto el realizador sueco como el director de fotografía Sven Nykvist consiguen que cada plano importe tanto o más que las palabras.

Si tras la cámara tenemos un perfecto director y guionista, frente a la cámara tenemos dos impresionantes actuaciones. Las dos actrices fetiche del director están sublimes. La silente Liv Ullman compone un personaje muy complejo. Tan sólo con sus miradas tenemos que conocer a Elisabeth y sus emociones. En su papel, principalmente de oyente pasiva, no es nada fácil dejar una impresión, sin embargo la actriz lo consigue. En el lado opuesto, la emisora, Bibi Andersson desborda la pantalla. Sus historias, su físico o su forma de hablar encandilan inevitablemente. Es un personaje que sufre una tremenda evolución.

Si la paciente no habla, no juzga, o eso es lo que piensa la joven enfermera. Aprovecha los silencios y química en la relación para exponerse cada vez más. Una catarsis emocional. Pero esta situación extrema no se puede sostener eternamente, con lo que el film torna en un drama psicológico completamente adictivo. Ante nuestros ojos se ha estado tejiendo una realidad (o irrealidad) que permanecerá en nuestra retina.

Este título, difícilmente clasificable como clásico, es indispensable para los cinéfilos más curiosos. Posiblemente más de uno salga escaldado, un film tan personal no puede ser al gusto de todos. En mi caso no puedo más que recomendarlo. Visualmente fascinante, Bergman vuelve a revolver al espectador con una trama aparentemente sencilla que nunca lo es.