Clasicosis

Off Hollywood: Dos en la carretera.

- ¿Qué clase de gente se sienta en un restaurante y no se dicen ni una palabra?

- ¿La gente casada?

Ficha: Dos en la carretera.

Hay películas que una revisión les viene como anillo al dedo. Si hubiese escrito sobre este film hace una década, lo habría hecho con un aire de desgana, con un "no está mal, pero...". Sin embargo, el momento, la madurez, la experencia, en definitiva, yo, he cambiado y por eso la película ha cambiado en mí.

"Dos en la carretera" (Two for the road, 1967) es una de las pocas road-movies que podemos encontrar en el cine clásico. Es una de las pocas obras de la época que se dedican a diseccionar la institución del matrimonio dejando el peso de la película en sólo dos protagonistas. Sin perder el aire clásico desprende mucha modernidad. Saca temas a la palestra nada convencionales pero es ahí donde se nota que estamos ante un film inglés, en su frescura y hasta se podría decir, transgresión.

La película nos narra los viajes en coche de una pareja. Contada de forma desordenada, el metraje va dando saltos en el tiempo. Conocemos a Mark (Albert Finney) y Joanna (Audrey Hepburn) como un matrimonio hastiado al borde de la ruptura. En seguida viajaremos al pasado, al punto donde se conocen. Después otro salto y estaremos en sus primeras vacaciones como casados y así sucesivamente. En total tendremos unas cinco o seis líneas temporales. El estilismo de Audrey marca los estados del matrimonio. Tanto el vestuario como el peinado nos indican en qué fase de la relación nos encontramos. De una joven sencilla a una adulta sofisticada. De unos comienzos donde están arruinados pero felices, durmiendo en un tubo de hormigón si es necesario, a un matrimonio acomodado y más exigente hasta en los pequeños detalles.

Con este tipo de montaje, donde se entremezclan las historias que han ido viviendo, vemos ya no sólo como los personajes han ido cambiando sino también como esas promesas eternas suelen ser palabras bonitas que se lleva el viento. Como en la vida real, no todo es un drama o una comedia. Puede haber algún disgusto en un buen momento o una sonrisa en medio de la tensión. Con un dinamismo marca de la casa Donen, la película está bien medida consiguiendo ser tremendamente entretenida. La trama del viaje con amigos, aunque necesaria, lastra la historia siendo la parte más difícil de soportar. Pero el guion de Frederic Raphael sabe no abusar de ella y cerrarla sin estirarla demasiado.

En "Desayuno con diamantes" (Breakfast at Tiffany's, 1961) Audrey Hepburn es emparejada con un actor poco conocido, practicamente un debutante, y ella le eclipsa por completo. Afortunadamente, aunque Albert Finney aún estaba empezando su carrera, consigue una fuerte actuación que equilibra el film con una gran química entre ambos actores. La diferencia de edad (ella era 7 años mayor que él) es practicamente inapreciable. Cada personaje madura y evoluciona en un sentido pero es necesario ver que hay esa complicidad que les mantiene unidos. Esa química convertida en complicidad se enfría, y eso se nota gracias a las buenas interpretaciones.

Stanley Donen era un fantástico director sin miedo a evolucionar. Comenzó en musicales y acabó especializándose en thrillers con toques cómicos. Un realizador siempre solvente que sabía muchísimo de entretenimiento. Ya había hecho una incursión en el mundo del matrimonio en "Página en blanco" (The grass is greener, 1960), siendo ésta algo fallida en mi opinión. En esta ocasión da con la clave del éxito. Posiblemente ayude a ello la nostálgica banda sonora de Henry Mancini.

"Dos en la carretera" es, en definitiva, un film que quiere y toca temas importantes pero no olvida su condición de entretenimiento. Nos puede hacer reflexionar pero si no lo consigue seguirá siendo amena. Si lo consigue se convertirá en algo más y cuando una cinta llega a este punto, nuestra cinefilia se ve gratamente compensada. ¿Acaso no es eso lo que buscamos en cada película?