Clasicosis

Parejas de cine: Alfred Hitchcock y Tippi Hedren.

Basta ya de parejas bien avenidas. Ya que hay mucha gente de vacaciones intentando despejar su mente, vamos a dejar la seriedad a un lado. Sacar trapos sucios no es lo más adecuado pero puede ser divertido.

Alfred Hitchcock es un maestro del séptimo arte, poca gente puede dudarlo, pero las rubias siempre le han perdido. No sé qué opinaría su señora esposa, Alma Reville, sobre las obsesiones y enamoramientos que su marido sufría con sus actrices, supongo que el no ser correspondido ayudaría a sobrellevar la situación. Sin embargo, hubo una relación que superó todos los límites profesionales y morales, y ésta fue la que tuvo con Tippi Hedren.

Hitchcock, acostumbrado a trabajar una y otra vez con actrices que le gustaban, se llevó dos duros golpes. Ingrid Bergman abandonó Hollywood para irse con otro director, Roberto Rossellini. Grace Kelly abandonó el cine para convertirse en princesa de Mónaco. Cuando decidió que en su próximo film no habría estrellas se interesó por una desconocida a la que había visto en un anuncio. Tippi Hedren, a pesar de no saber actuar, aceptó firmar un contrato con MCA pensando que no sería más que una secundaria. Cuando el realizador inglés le dio el papel protagonista en "Los pájaros" (The birds, 1963) se convirtió en su mentor. Pero esta guía iría siendo cada vez más retorcida. Además de orientarla en el plano laboral empezó a controlar cómo vestía en su vida privada (con ropa pagada por él), a dónde iba, con qué gente se veía, etc. Hedren intentó aguantar el tipo por no parecer desagradecida ante la oportunidad que le habían brindado. El punto culminante llegó al rodar una de las escenas más importantes. En un primer momento se iban a utilizar pájaros mecánicos pero el perfeccionismo de Hitchcock le hizo decidir que sería mejor lanzarle aves reales a la actriz. Uno de los pájaros se asustó y atacó realmente a Hedren. El accidente que casi le cuesta un ojo (y literal) también le causó un ataque de histeria por el que el rodaje estuvo parado una semana.

Al año siguiente, con la confirmada ida de Grace Kelly de la industria cinematográfica, el director volvió a contar con Tippi Hedren para protagonizar "Marnie, la ladrona" (Marnie, 1964). La actriz lógicamente intentó escapar pero por motivos contractuales le fue imposible. En este rodaje, la obsesión del inglés estaba desatada. Le enviaba cartas de contenido, cuanto menos, inadecuado. La visitaba continuamente en su camerino. La colmaba de regalos y atenciones. Hasta se dice que aprovechó una prueba de maquillaje para encargar un molde con la cara de la actriz para conservarla.

Si estos ataques de psicopatía no eran suficientes, Hitchcock también tenía una fantástica afición, las bromas pesadas. Una de las grandiosas ocurrencias que tuvo fue regalarle a Melanie Griffith (hija de la actriz) una muñeca parecida a su madre en una caja que recordaba bastante a un ataúd por su quinto o sexto cumpleaños. Descacharrante la bromita.

Hitchcock, en un ataque de absoluto altruismo, también se le ocurrió blindar su contrato. Ella tenía ofertas de directores como François Truffaut, pero nuestro querido Hitch decidió que era mejor tenerla sin hacer nada. Ni siquiera volvería a trabajar para él. Sólo le llevó unos tres años tener un pequeño papel en "La condesa de Hong Kong" de Charles Chaplin y hacer pequeñas apariciones en series de televisión. En tan sólo dos films juntos, el maestro del suspense nos ha dado material suficiente para escribir largo y tendido. Hitchcock la creó y Hitchcock la destruyó.

Hace un par de meses, la todopoderosa HBO (que ya sabéis, no es televisión) estrenó un telefilm sobre la tormentosa relación entre la actriz y el director. Aún no he tenido la oportunidad de verla y para ser sincera, visto lo visto, no sé si quiero hacerlo.