Clasicosis

Cine Clásico: 80º aniversario de 'Carita de ángel', una Stanwyck pre-code.

- Desde que tengo 14, ¿qué ha pasado? !Nada más que hombres! Sucios y asquerosos hombres.

Ficha: Baby face (Carita de ángel).

Hoy retomo mi actividad en el blog tras unas semanas ausente con un título que está de aniversario. Y vuelvo con lo que ya podemos empezar a considerar un género en sí mismo, las películas pre-code. Las películas pre-code son esos films de los primeros años 30 llenas de referencias sexuales. Crearon tal revuelo que hicieron que el código Hayes (la censura) se impusiera. La mayoría de estos títulos siguen un esquema común, una protagonista femenina que no duda en seducir a hombres para salirse con la suya hasta que al final redimen sus pecados (o no). Las razones que les llevan a ello son distintas. Puede ser por ambición como en este caso. Por venganza como Norma Shearer en "La divorciada" (The divorcee, 1930). O por pura diversión y provocación como era el caso de Mae West en "No soy un ángel" (I'm no angel, 1933).

Hoy "Carita de ángel" (Baby face, 1933) cumple 80 años. Curiosamente estamos ante una muy rubia Barbara Stanwyck. Y digo curiosamente porque parece que, al igual que en "Perdición" (Double Indemnity, 1944), cuando la actriz está rubia saca lo peor del género femenino. En el film también podemos ver brevemente a un jovencísimo John Wayne rendido ante los encantos de la actriz.

Lilly Powers (Barbara Stanwyck) trabaja en el bar que regenta su padre quien desde joven le ha obligado a contentar a los hombres en lo que quieran (y sí, también hablo de prostitución). Cuando él fallece recibe un consejo salido de un libro de Nietzsche que se podría resumir en "no sigas dejando que te usen, úsales tú". Así que decidirá irse a Nueva York y empezar su escalada en la alta sociedad.

Todo el peso del film lo lleva Barbara Stanwyck sobre sus hombros, los personajes masculinos aparecerán y desaparecerán pero ella está en prácticamente todas las escenas del film. Con un metraje de poco más de una hora, iremos viendo dónde está el límite de Lilly, si es que lo tiene. Stanwyck da muestras de porqué se convertiría en una de las actrices más versátiles de la historia. Sin tiempo para desarrollar su personaje, ni profundidad suficiente, nos muestra porqué es cómo es y qué intenciones tiene. El único personaje masculino que sale con un poco de dignidad del campo magnético que Stanwyck establece es George Brent, eterna pareja cinematográfica de Bette Davis.

En sus escasos 75 minutos, el metraje se precipita hacia el final dejando siendo la evolución de la trama y personajes algo forzada. Además, la censura sí consiguió meter las manos en lo que respecta al final y hubo que darle un giro quizás algo inverosímil para lo que habíamos visto hasta el momento. A pesar de ello, estamos ante una película oscura y llena de ambición a cualquier precio que se pasa volando. Técnicamente el film tiene poco que descartar. Alfred E. Green, quien debutó en 1926 con la simpática "Ella Cinders", consigue aquí una dirección de lo más discreta. Repite trucos constantemente como usar la ropa de Stanwyck como elipsis temporales (cuanto más cara más ha escalado socialmente) o los medios de transporte y placas de edificios para las elipsis espaciales.

Sin embargo, no debemos olvidar que estos films no buscaban más que un entretenimiento liviano con éxito en taquilla, y tampoco les podemos pedir más. Lo más atractivo es el tono y temática de la cinta. Estamos ante un cine extinto. Sólo durante el primer lustro del cine sonoros podemos encontrar films así. El hecho de que la censura los acabase haciendo desaparecer es lo que hoy los convierte en pequeñas joyas que los que adoramos el clásico queremos degustar.