Clasicosis

Cine Clásico: 'Capitanes intrépidos' aprendiendo a vivir.


- Eres demasiado joven para decirle a un grupo de hombres qué deberían y qué no deberían hacer. Pero podrías aprender unas cuantas cosas.

Ficha: Capitanes intrépidos.

A lo largo de esta serie de entradas que estamos dedicando al cine “en alta mar” intentamos variar lo máximo posible. Hoy vamos a hacerle un hueco a la que quizás sea la relación y la amistad más pura y entrañable que podamos encontrar en las primeras décadas del séptimo arte.

Capitanes intrépidos” (Captains corageous, 1937) es el mejor cine infantil que podemos encontrar. Quizás la causa sea que no utiliza ningún filtro para acercarse a los más pequeños. Tratando a los niños como seres inteligentes y a los adultos como seres sensibles es como este título se ha convertido en un imprescindible.


Harvey (Freddie Bartholomew) es un niño consentido, manipulador, soberbio y bastante tirano que cree que la fortuna y posición de poder de su padre le abrirá todas las puertas que desee. Tras caer por la borda de un barco, un pescador portugués, Manuel (Spencer Tracy), le recogerá y le llevará a su barco. De repente, Harvey se encontrará en un ambiente donde todos sus privilegios no valen nada.

Harvey viene de un hogar donde su padre (Melvyn Douglas) cree que darle a su hijo una buena educación, mejor dicho, ingresarle en un prestigioso colegio es suficiente. Y así es cómo su hijo ve el mundo. El niño juzgará todo lo que no conoce, lo rechazará y lo criticará. Sólo entiende el mundo en términos materialistas, hasta el cariño se mide en bienes y dinero. Por ello la aparición de Manuel en su vida marcará un antes y un después. Manuel es un hombre sencillo que adora su trabajo, bueno y honesto que, a pesar de no tener lujos, sí que tuvo un gran referente en la figura de su padre a quien tiene siempre presente. Manuel no tiene grandes frases ni muestras de cariño pero nadie puede dudar de la gran labor que está haciendo con su protegido. Harvey encuentra en él la figura paterna que necesitaba.

Ser testigos de cómo esta relación se va forjando es el verdadero diamante del film, que no se olvida de mezclarlo con una aventura de fondo, con algo de humor y competición. Victor Fleming, quien pasará a la historia por dirigir "Lo que el viento se llevó", se encarga aquí de construir una historia que emocione sin imposturas. Lo más probable es que la mayoría acabemos con lágrimas en los ojos en más de una ocasión. Pero si ocurre será por la ternura y realismo del relato que por la forzada intención de hacer llorar al espectador a toda costa. La música de Franz Waxman (quien también compuso las canciones que Manuel canturrea) completan la fantástica atmósfera del film.

Entre el reparto también nos encontramos al siempre genial Lionel Barrymore, a John Carradine o a un jovencísimo Mickey Rooney. Pero posiblemente estemos ante una de las actuaciones más memorables y queridas por el público de Spencer Tracy, y viendo su magnífica carrera, son palabras mayores. Freddie Bartholomew no consiguió encauzar su carrera como adulto pero aquí da muestras de talento más que suficiente, especialmente en las escenas que requieren más sensibilidad.

Aprovechando que estamos en verano y que los niños tienen muchísimo tiempo libre deberíamos hacerles una favor y regalarles el visionado de esta inspiradora y emotiva película. Y aunque no tengamos niños alrededor, nadie debería perder la oportunidad de conocer a este inigualable marinero y emocionarse con esta fantástica historia de paternidad, madurez, camaradería y un gran homenaje a todos esos marineros que se juegan la vida a diario.

 

P.D.: Ay mi pescadito...