Clasicosis

Cine Clásico: 'Blancanieves' la primera de muchas.

- Espejito, espejito mágico...

Ficha: Blancanieves (1916).

Que el cine actual norteamericano está algo falto de ideas no es algo que sorprenda. En 2012 nuestras carteleras llegaron a acoger hasta tres versiones distintas de los hermanos Grimm: "Mirror, mirror", "Blancanieves y la leyenda del cazador" y la española, muda y en blanco y negro "Blancanieves". Hoy vamos a viajar hasta 1916 donde se estrena la primera de las muchas adaptaciones que este cuento tiene.

"Blancanieves" (Snow white, 1916) no es la única película que adapta cuentos infantiles de la vieja Europa. "Ella Cinders" (id, 1926), por ejemplo, adapta a su tiempo la famosa historia de Cenicienta (en inglés Cinderella, de ahí el juego de palabras). Si algo le debemos a la cinta de la que hoy hablamos es que fue la primera película que vio Walt Disney , quien quedó tan fascinado que acabó haciendo su propia versión de animación. A la cinta de Disney le dedicaremos su propia entrada ya que, como una de las pioneras del cine de animación, merece su análisis en solitario.

Por si queda alguien por conocer la trama de este cuento, Blancanieves (Marguerite Clark) vive con su madrastra, la malvada Reina Brangoman (Dorothy Cumming). Ella debería vivir como una princesa pero la reina está tan celosa de su belleza que la trata como a una sirvienta más. Llegará a ordenar matarla, por lo que Blancanieves tendrá que huir y refugiarse en una casa habitada por siete enanos.

A pesar de su escasa hora de duración, el film está más cimentado que la famosa versión animada. En los primero minutos veremos la relación que une a la protagonista con el cazador (Lionel Braham), entiendo así porqué él sufre tanto con el encargo de la reina o porqué se apiada de ella. Entre las muchas cosas que me perturban de los films de Disney, el hecho de que aparezca un príncipe de la nada y bese a una aparentemente muerta Blancanieves siempre me pareció algo, como poco, desconcertante. En esa ocasión tenemos la oportunidad de conocer algo más al príncipe (Creighton Hale), lo cual en mi caso agradezco enormemente. Estamos ante un cuento de fantasía, pero un poco verosimilitud en el relato no hace daño a nadie.

En esos primeros compases de cine mudo, estas historias de corte fantástico no dejan de tener su encanto. La escenografía y decorados es lo más artesanal e imaginativa. A pesar de contar con unos medios muy limitados consiguen que el espectador, casi un siglo después siga disfrutando enormemente. La película tiene un dinamismo perfectamente medido. La trama avanza a gran velocidad pero los personajes están bien definidos, nos involucraremos y les cogeremos cariño en tan sólo 60 minutos.

En los primeros minutos abusa bastante del uso de intertítulos (con una tipografía algo complicada de descifrar), a día de hoy estamos tan familiarizados con la historia que prácticamente ni los necesitaremos para seguir la película. Pero que este detalle no eche atrás a nadie, el ritmo de carteles bajará y podremos disfrutar del film, regresar a la infancia y evadirnos de la dura realidad en un mundo mucho más justo y entrañable.