Clasicosis

Cine Clásico: 'Un día en las carreras', apostando sobre seguro.

- O está muerto o se me ha parado el reloj...

Ficha: Un día en las carreras.

Esta semana se cumplieron 36 años de la muerte del gran Groucho. Al hilo de esta fecha, que en su momento estuvo eclipsada por la muerte de Elvis Presley tres días antes, vamos ha hacerle un hueco tanto a él como a sus hermanos.

"Un día en las carreras" (A day at the races, 1937) se encuentra medio camino entre el momento más dulce de sus carreras y el fin de su etapa en MGM. Irving G. Thalberg reclutó a los tres hermanos en la Metro. Él fue quien decidió que estas comedias deberían tener un argumento más sólido que a lo que estaban acostumbrados. Así nació “Una noche en la ópera” (A night at the opera, 1935) y siguiendo el mismo esquema construyeron esta película. Durante el rodaje Thalberg falleció y esto precipitó la salida de los hermanos Marx de los estudios de Louis B. Mayer.

La propietaria de un hospital al borde la ruina (Maureen O'Sullivan) contrata al Dr. Hackenbush (Groucho Marx) para tener contenta a una paciente muy adinerada (Margaret Dumont). El Dr. Hackenbush es en realidad un veterinario y para salvar el hospital es donde Chico y Harpo entrarán. Entre enredos y apuestas de caballos intentarán que el conflicto no vaya a más.

Groucho, Chico y Harpo se echan a sus espaldas todos los grandes minutos del film. El resto de elenco y personajes podrían estar ahí o no, podrían ser otros actores y daría igual. Hasta Margaret Dumont, a cuya costa siempre consiguen arrancarnos carcajadas, aquí casi no ocurre. Los mejores sketches están protagonizados por ellos. El más memorable (que bebe mucho de "la parte contratante de la primera parte...") es donde Chico despluma a Groucho a cambio de un chivatazo del nombre del caballo ganador. En la escena donde por mímica y silbidos Harpo advierte a Chico que a Groucho le tienden una trampa podemos ver por primera vez que Harpo no habla porque no quiere. Hito histórico.

Desde el director, Sam Wood hasta actores como Allan Jones, Sig Ruman o la siempre presente Margaret Dumont repiten tras "Una noche en la ópera". El gran parecido con la que posiblemente sea su mejor película es lo que más corre en su contra. La trama romántica es del mismo estilo, con canción de Allan Jones a lo Bing Crosby incluida. Y ese es el segundo mayor defecto del film, la excesiva cantidad de minutos musicales. Los hermanos Marx venían del vodevil y eso se nota. No sería igual sin Chico haciendo su gesto de disparar mientras toca el piano (a lo que debe su nombre) y Harpo tocando el arpa (a lo que también debe su nombre) pero en esta ocasión se exceden con las actuaciones de Jones con baile incluido, o la incursión de Harpo en un barrio negro rodeado de niños y un jazz que hace temblar los cimientos de una casa. El ritmo del film se corta irremediablemente. El número protagonizado por Ivy Anderson, cantante de la orquesta de Duke Ellington es fantástico pero seamos francos, no viene a cuento en absoluto.

Es sabido y reconocido por todos que los Marx son unos genios de la comedia. Tienen un humor que se combina a la perfección y por el que no pasan los años. El formato del film es lo que les lastra en esta ocasión. Se pierde el tiempo en aspectos más secundarios cuando lo que queremos es ver más a los tres en acción. "Un día en las carreras" es la película más larga de sus carreras y eso se nota y se resiente un poco. A pesar de ello, ojalá que todos nuestros problemas fuesen ese, demasiado hermanos Marx.