Clasicosis

Cine Clásico: 'Que el cielo la juzgue', si es capaz.

- No pasa nada malo con Ellen. Simplemente ama demasiado.

Ficha: Que el cielo la juzgue.

Hay ciertas afirmaciones que repetimos muy a menudo sin miedo a pillarnos los dedos: los mejores melodramas y el mejor cine negro están en el clásico. Hoy nos centraremos en uno de esos melodramas que hace décadas que no se producen.

A mitad de los 40 Gene Tierney estaba encadenado éxito tras éxito. En 1944, Otto Preminger le dio la oportunidad de mostrar un lado más enigmático en "Laura" y aquí llevó esa habilidad a su máximo nivel. "Que el cielo la juzgue" (Leave her to heaven, 1945) está irremediablemente atada a su actuación y personaje, que no serán fáciles de olvidar.

La película está contada como un flashback de la primera escena. Este flashback nos lleva a un tren donde Ellen (Gene Tierney) y el escritor Richard Harland (Cornel Wilde) se conocen. Enseguida empezarán una relación, se casarán y se irán a vivir con el joven hermano de Richard, un adolescente en silla de ruedas. Todo parece tremendamente idílico a pesar de ver algún momento donde Ellen actúa de forma desconcertante.

La historia poco a poco nos llevará al huerto. Comienza con un aire de melodrama de toque más familiar y centrado en la adaptación a la vida marital de esta pareja. Según vaya avanzando la trama, nos iremos involucrando y sintiendo que cierto peligro se acerca. El compositor Alfred Newman realiza un fantástico trabajo llevando las emociones del espectador a donde el director quiere y guardando silencios que son tan importantes como la música. Ya es un icono la imagen de Gene Tierney en el lago. Esta escena es el gran punto de inflexión del film. Sin música y con un escueto y fantástico guion darán el giro necesario para insuflar un nuevo aire a la película.

John M. Stahl era un reputado director de melodramas que entra con este título en la historia y pasa a ser reivindica por los admiradores del género ya que estaba cayendo en el olvido. Su labor en esta película es mucho mayor de lo que puede aparentar. La historia se desarrolla a la luz del día con una impoluta fotografía de Leon Shamry. Los personajes están siempre con buena cara y sin embargo se consigue una calma tensa constante. El guion de Jo Swerling está lleno de frases con doble sentido. Parecen simples pero nos están dando toda la información que necesitamos sin nisiquiera saberlo.

Gene Tierney, como ya comentamos, está ante una de sus mejores actuaciones. El resto del reparto sólo tienen que dejarse llevar. Sus personajes son mucho menos exigentes. Jeanne Crain es físicamente casi la doble perfecta de Tierney lo que seguramente fue la principal razón para conseguir el papel. Cornel Wilde interpreta a un hombre sencillo, lo cual realiza con solvencia. Otra vez coincidiendo unos minutos en pantalla con Tierney tenemos  un joven Vincent Price como un implacable abogado.

Podríamos dividir los grandes melodramas en dos importantes vertientes, los emocionales y sensibles que nos tocarán el corazón como la "Imitación a la vida" de Douglas Sirk o los más tensos y vibrantes como en los que William Wyler dirigió a Bette Davis. Sin duda esta película se acerca más al segundo acercamiento al género. Una imprescindible e icónica película con la que irremediablemente quedaréis marcados, nadie vuelve a mirar a Tierney con los mismos ojos.