Clasicosis

Cine Clásico: "La gata sobre el tejado de zinc", catarsis familiar.

- ¡No vivo contigo! Ocupamos la misma jaula, eso es todo.

Ficha: La gata sobre el tejado de zinc.

Hoy se nos acumulan las efemérides, hace unas horas le dedicábamos una entrada a la inmensa Anna Magnani y ahora es el turno de  Paul Newman, quien hace 5 años que falleció. Para recordarle, hablemos de uno de sus films clásicos más recordados: "La gata sobre el tejado de zinc (Cat on a hot tin roof, 1958).

Paul Newman estaba empezando a hacerse un nombre en Hollywood pero sentía que necesitaba dar un salto cualitativo en su carrera. Estaba empezando a encasillarse en papeles de guapo y él sabía que podía aportar mucho más. Fue así como se interesó por la adaptación al cine de esta obra de Tennessee Williams ganadora del Pullitzer en 1955. Algo parecido le ocurrió a Elizabeth Taylor, que veía que a sus 26 años necesitaba dar un golpe en la mesa para que la empezasen a tomar por una actriz sólida.

Una discusión matrimonial en medio de una fiesta o fiesta que se cuela en medio de una discusión. La historia nace cuando los hermanos Pollitt están en la casa familiar esperando a que su padre llegue para celebrar su cumpleaños. Brick (Paul Newman) está recluido en una habitación con una pierna rota bebiendo sin parar. En este inadecuado momento el matrimonio decide abrir la lata de los reproches lo cual conllevará a una crisis familiar que afectará a todos los miembros.

Brick es tremendamente hiriente. Lo demuestra en pequeños detalles como su forma de incluir "Maggie" al final de sus frases, beber al momento que ella le pide que no lo haga. Por supuesto muestra su desprecio de formas más explícitas diciéndole que no la soporta o que se busque un amante. Maggie (Elizabeth Taylor) quiere salvar su matrimonio pero choca constantemente con un muro, además de no tener la mano izquierda suficiente para saber llevar a su marido. Resulta extraño ver a dos personas tan jóvenes tan amargadas. Algo que poco pueden ocultar a ojos de alguien mínimamente perceptivo.

El hermano (Jack Carson) y su familia son ridículos y ruidosos, se nota a leguas su complacencia por codicia. Los padres, aún siendo consciente de la realidad que les rodean, llevan años mirando hacia otro lado dejando que la bola de nieve sea cada vez mayor. Al final la bola de nieve explotará en esta reunión familiar donde  se pondrán las cartas sobre la mesa y siendo, para bien o para mal, de lo más catártico y necesario.

El director Richard Brooks y James Poe adaptaron la obra teatral de Tennessee Williams eliminando todo el contenido homosexual que tenía. Obviamente esto fue por causa de los estándares del Hollywood de la época. A pesar de ello, la trama sigue teniendo fuerza y estando llena de conflictos. Brooks decidió que el film se rodaría en color debido al impacto y devoción que los ojos de ambos protagonistas tenían entre el público. La fotografía de William H. Daniels y la ambientación le dan el toque sureño y caluroso necesario.

Pero si hay un apartado donde la película destaca es en la interpretación. Newman y Taylor consiguieron sendas nominaciones al Oscar, y lo más importante, respeto entre el gremio. Sus actuaciones elevaron su categoría y credibilidad. Elizabeth Taylor se quedó viuda durante el rodaje aunque volvió al trabajo rápidamente. Ese duro trago personal se transmite en su interpretación teniendo un sufrimiento palpable pero contenida. Entre los secundarios tenemos a la eterna señora Danvers, Judith Anderson, en un papel antagónico tanto física como personalmente al que la encumbró. Burl Ives ya interpretaba en Broadway este papel y le tenía la medida perfectamente tomada.

Hace unos días hablaba de mis problemas para disfrutar las historias de Tennessee Williams. En esta ocasión retiro mis objeciones, estamos ante un film que va in crescendo hasta que explota. Para entonces ya estamos lo suficientemente involucrados como para implicarnos en el devenir de la trama. Un melodrama prácticamente obligatorio.