Clasicosis

Cine Clásico: 'Un ladrón en la alcoba', Lubitsch empieza a deslumbrar.

"Te quiero. Te quise desde el momento en que te vi. Estoy loco por ti. Mi pequeña ratera. Mi dulce y pequeña carterista."

Ficha: Un ladrón en la alcoba.

Comienza el mes donde queremos completar la filmografía más destacada del inmenso Ernst Lubitsch. Si comenzamos un repaso cronológico la primera cinta indispensable sería "Remordimiento", un alegato pacifista lejos de su tono habitual. Tras ella vendría la película que hoy nos ocupa. Uno de las primeras muestras del famoso "toque Lubitsch".

"Un ladrón en la alcoba" (Trouble in paradise, 1932) salío a la luz gracias a que el Código Hays o censura aún se estaba gestando. Se intenó volver a estrenar en 1935 y no sólo se prohibió sino que se retiró el film hasta 1968. Viéndolo a día de hoy parece una exageración. No hay escenas polémicas como el desnudo en  "Tarzán de los monos" pero Lubitsch, aún sutilmente, llena de referencias sexuales la película.

Gaston Monescu (Herbert Marshall) es un ladrón que queda para cenar con Lily (Miriam Hopkins), una condesa que resulta ser también una ladrona. El engaño mutuo dura poco y ambos se enamoran. Viajan hasta París donde pondrán la mirada en Madame Colet (Kay Francis) una mujer recién enviudada a quien querrán estafar.

Herbert Marshall es recordado por trabajar al lado de Bette Davis en films como "La Loba" o "La carta". En mi cabeza tengo la imagen de una persona resignada y cansada de luchar con una ambiciosa y despiadada Bette en los títulos de William Wyler. Desarrolló parte de su carrera en un papel más secundario. Pero en esta ocasión, sorprende ver cómo Lubitsch supo sacar de él a un galán embaucador. Kay Francis tuvo menos suerte en su carrera y se puede considerar este film como su interpretación más destacada. Por último, tenemos a una de las estrellas de los años 30. Es lógico que Lubitsch quisiera darle un papel con más presencia a Miriam Hopkins. en "Una mujer para dos", en este film pide a gritos más minutos. Su presencia sabe a poco, su personaje es el más desatado e imprevisible y mucha de la carga cómica de la película recae sobre ella.

El desarrollo de la trama principal deja por momentos de lado algo de la comedia sofisticada que caracteriza al director. A pesar de ello, está continuamente dando muestra de su sutileza y gran labor tras la cámara. La primera escena del film entre Marshall y Hopkins es tan vibrante, traviesa y arriesgada para la época que pone el listón demasiado alto para el resto de metraje, le cuesta volver a alcanzar ese nivel.

Lo que no tiene precio son las geniales artimañas que Lubitsch utiliza a modo de referencia sexual. La libertad de sus personajes son un soplo de aire fresco en el cine de la época. Muchas películas pre-code navegan en ese mar pero pocos consiguen un resultado tan redondo como el director de "Ser o ser".

"Un ladrón en la alcoba" está considerado como un film menor del realizador alemán. No por ello hay que descartarla, muestra las características que le acompañarían durante su carrera. Para cualquiera que quiera adentrarse en la obra de este autor debe pasar por su visionado.