Clasicosis

Cine clásico: ‘Luz que agoniza’ al final de la cordura.

- Mi vida, mientras tengas miedo de todo lo que te rodea no podremos ser felices.

Ficha: Luz que agoniza

No tengo perdón de Dios. Ya hace unos meses que me dedico a escribir sobre cine clásico y aún no había escrito sobre una de las mejores actrices de la época y mi actriz favorita desde que me adentré en el mundo del cine hace ya muchos años. Hoy pagaré mi deuda con Ingrid Bergman hablando de la película que le hizo dar un salto de calidad en su interpretación. Bergman ya había demostrado que era una buena actriz, pero con este retrato de Paula Anton demostró que era mucho más, que era una grandísima actriz.

“Luz que agoniza” (Gaslight, 1944) es una de las historias que con pocos detalles consigue llevarte a una atmósfera asfixiante y opresiva a más no poder. Simplemente cambiando alguna joya de lugar o alzando en cierto momento la voz, no necesitamos mucho más para agobiarnos y sufrir como pocas veces. George Cukor conocido como un gran director de actores y especialmente de mujeres tiene en esta cinta a su disposición a dos monstruos de la interpretación en estado de gracia, Charles Boyer e Ingrid Bergman.

 

Paula Alquist (Ingrid Bergman) es una joven que abandona Londres al ser asesinada su tía, la persona con la que vivía. Al casarse con Gregory Anton (Charles Boyer) deciden volver a esta casa pero Paula tendrá que lidiar con una casa que le atormenta y llena de recuerdos desagradables y con un marido interesado que le hace creer que está perdiendo la cabeza. El policía Brian Cameron (Joseph Cotten) admirador de la tía de Paula es el único que parece preocuparse por lo que ocurre en esta misteriosa casa y con este misterioso matrimonio. Completan el elenco la sirvienta Nancy, interpretada por la debutante Angela Lansbury, una joven resabida y excesivamente contestataria y descarada.

Ya me he deshecho en elogios en torno a las actuaciones del film, pero no es para menos. Boyer consigue un retrato perfecto del hombre frío, interesado, cínico, autoritario, perverso y hasta siniestro. Confieso que este personaje me dejó absolutamente marcada, desde entonces no he conseguido ver nunca a este actor como alguien bondadoso o romántico, es tan despiadado que es imposible olvidarlo. Bergman evoluciona desde una joven ingenua y enamorada a una mujer frágil, temerosa, dubitativa y rozando la locura. El tiempo de evolución de los personajes es perfecto, la película se toma su tiempo en mostrarnos los cambios, lo que nos lleva a valorar aún más magníficas y sutiles interpretaciones.

Tampoco se queda atrás todo el trabajo técnico y artístico, la fotografía, decorados y ambientación se combinan dando una imagen visual general perfectamente cuidada y detallista, lo que sumado a todo lo dicho anteriormente hacen de esta película un disfrute constante, a pesar de que esté hecha para hacernos sufrir.

 

En resumen, este es un film con intriga, que consigue que nos revolvamos en el asiento, nos enfurezcamos, suframos y sobre todo disfrutemos de una historia negra y de unas interpretaciones que pasarán a la historia. El hecho de que el espectador siempre vaya un paso por delante puede hacernos pensar que la tensión se desvanece, pero es que la tensión no está en lo que va a pasar después, sino en lo que está pasando en ese instante, en ver cómo se está jugando con alguien inocente y no poder traspasar la pantalla para detenerle.