Clasicosis

Cine Clásico: 'Una chica afortunada', un cambio caído del cielo.

- Déjeme darle un consejo, jovencita. No quiera ser tan lista, no crea saber todas las respuestas. Se hacen cosas por la gente, cosas buenas. ¡Recuérdelo!

Ficha: Una chica afortunada.

Volvamos a uno de los géneros más típicos del Hollywood dorado, la screwball, la cual teníamos algo abandonada. Dentro de este subgénero de la comedia encontramos casi cualquier punto de partida. En la película que hoy nos ocupa nos encontramos con uno de los más curiosos. La caída de un abrigo le da a Preston Sturges pie para crear un guion rápido y lleno de personajes.

Repasando la filmografía de Mitchell Leisen ya resaltamos que alguno de los guionistas solían molestarse al ver el producto final. "Una chica afortunada" (Easy living, 1937) y Preston Sturges es uno de esos casos.

J. B. Wall (Edward Arnold) es un adinerado banquero que en plena discusión con su derrochadora esposa (Mary Nash) lanza un abrigo de piel por la ventana. Dicho visón caerá sobre Mary Smith (Jean Arthur) a quien tras una serie de malentendidos tomarán por amante del banquero y le dará todo tipo de beneficios. Mientras tanto, el hijo de J. B. (Ray Milland) intentará mostrar que puede vivir sin el dinero de su progenitor.

Mitchell Leisen no tuvo una mala filmografía. Quizás ayudado por disponer de buen material y buenos intérpretes. Sus detractores le acusaban de poner más atención en los decorados que en la dirección y es por eso que si algo hay que destacar es el guion de Sturges. Un nombre con mayúsculas dentro de la comedia clásica que cuando se sentó en la silla de director intentó innovar. Aquí como guionista ya da ciertas muestras de ello. Una comedia romántica donde los sujetos a enamorarse no colapsan la pantalla. Hay un gran abanico de tramas que pueden manejarse casi por separado. Sin embargo, todas son necesarias para que la historia avance. Prácticamente sin darnos cuenta se va tejiendo una red de malentendidos encaminados a explotar. Puede parecer un film disperso pero no sobra una escena.

A nivel interpretativo tenemos a dos actores que sabían manejar a sus personajes. Edward Arnold repetiría un papel casi clavado en la maravillosa "Vive como quieras" (You can't take it with you, 1938), un banquero con aires de superioridad e irritabilidad a flor de piel. Jean Arthur , quien también coincide con Arnold en ambos films, interpretaba a este tipo de personaje con el piloto automático. Una mujer de clase media, trabajadora e independiente que se ve envuelta en una situación que no sabe cómo manejar. Completando la cabeza de cartel está Ray Milland. Actor que tiene entre sus mejores trabajos uno con Hitchcock y otro con Wilder. La comedia no fue donde mayores éxitos cosechó y no tiene demasiados minutos, pero consigue encarnar a un galán con cierto carisma y conectar con Jean Arthur.

Puede parecer que estamos ante una película pequeña, y seguramente sea así. Pero está llena de detalles que la enriquecen, no desperdicia ninguna conversación. Mantiene a lo largo de todo el metraje un buen ritmo, acelera y decelera pero nunca frena en seco. Una comedia que toca varios estilos y se ríe de la red de falsedad y cotilleos que rodean a la alta sociedad y lo absurda y fútil que la economía puede llegar a ser.