Clasicosis

Cine Clásico: 'La divorciada' reinventa a la mujer en el cine.

"En el futuro considérame una Don Juan femenina. Llévate tu orgullo masculino con todo lo demás. Desde ahora eres el único hombre en el mundo para el que mi puerta está cerrada."

Ficha: La divorciada.

Hay películas que rompen el molde y hacen evolucionar. En 1930 la figura de la mujer en el cine explosionaría. A pesar de ver solo un par de años con el cine sonoro, la imagen femenina estaba muy desgastada. Existía una gran dicotomía, o la mujer era una villana o "vampirella" o era prácticamente un ángel.

"La divorciada" (The divorcee, 1930) catapultó a Norma Shearer, quien estaba encasillada en papeles de ingenua y vio en la llegada del sonoro una oportunidad para cambiar su imagen. Sin duda vio en este film su gran oportunidad. Se pensó en Joan Crawford pero ella hizo una sesión de fotos con un toque más provocativo del habitual para hacer ver que estaba capacitada. Con estas fotografías tuvo que convencer hasta a su marido Irving Thalberg, jefe del estudio. Así fue cómo se ganó el papel y la enemistad eterna de Crawford.

Jerry (Norma Shearer) y Ted (Chester Morris) se casan completamente enamorados. Tres años después, Jerry descubre que Ted le ha sido infiel a lo que él se excusa con un tópico "no significó nada". Ella decide hacer lo mismo y cuando su marido se entera no se ve capaz de perdonarla porque la gente le juzgará. Es ahí dónde se abre uno de los puntos que la película quiere tocar. Ya aparecía en algunos carteles de la época la frase "Si el mundo deja al marido flirtear, por qué no a la mujer!". Él puede ser infiel y ella debe perdonar sin más pero al revés es imposible.

Esta temática hizo patente que el código Hays hasta el momento no infundía ningún respeto entre los productores y un film como este llegó a ser un gran éxito de crítica y público. Tanto "La divociada" como "Anna Christie", ambas estrenadas en 1930, abrieron la puerta a un nuevo rol femenino, mucho más abierto, sensual y con un conflicto interior mucho más profundo. Esta nueva corriente no duró demasiado, en tres o cuatro años el código censor se endurecería tanto que este tipo de film pasarían a considerarse "pre-code" siendo a día de hoy un subgénero cinematográfico en sí mismo.

A día de hoy un film así no tendría sentido, se ha quedado obsoleto, sobre todo su conservador final. Pero su premisa sí nos vale para ver las ideas que se empezaban a plantear en su momento. La mujer busca su lugar y un trato igualitario. Norma Shearer ganó el Oscar por una buena actuación pero especialmente por el impacto que tuvo sobre el público y la crítica su nueva imagen. También la película, la dirección de Robert Z. Leonard y el guion de John Meehan fueron nominadas al Oscar, sin embargo, técnica, artística o estéticamente no es un film destacable. Todo es correcto pero sin sobresalir.

En la actualidad nos costará entender este fenómeno pero en su momento fue un auténtico revulsivo. Poniéndonos en una perspectiva histórica, el valor del film es indudable. Abrió la puerta una gama inabarcable de nuevos personajes, más maduros, que interesaban además al público. Un peligro que los más retrógrados intentaron frenar. Aunque la moralidad fuese analizada, recortada y censurada, el rol de la mujer en el cine ya no volvería a ser igual.