Clasicosis

Cine Clásico: 'El demonio de las armas', viaje hacia la perdición.

"Presiento que quiero ser buena. No sé, quizás no pueda pero lo intentaré."

Ficha: El demonio de las armas.

La serie B es ese género que ha quedado arrinconado en la historia. Si ya en su momento eran films de segunda categoría, con pocos medios para darse a conocer, décadas después el paso del tiempo no las ha tratado mucho mejor. Por supuesto existen excepciones como  "La invasión de los ladrones de cuerpos" o "El increíble hombre menguante", aunténticas joyas de ciencia ficción. Pero había otra variante y eran las historias de cine negro, que proliferaron durante la década de los 40 y 50.

 

Ya hemos hablado anteriormente del director  Joseph H. Lewis y siempre reconociendo su buen hacer. En esta ocasión no es para menos, sin duda estamos ante su film más memorable: "El demonio de las armas" (1950) titulado originalmente "Deadly is the female" para luego estrenarse mundialmente como "Gun crazy". El guion aparece firmado por Millard Kaufman pero era tan solo una tapadera para no nombrar a Dalton Trumbo, fichado en la lista negra de McCarthy.

A través de un breve flashback conocemos la infancia de Barton Tare, un chico al que le fascinan las armas pero es incapaz de matar a un ser vivo. Ya de adulto (interpretado por John Dall) va a una feria y conoce a la tiradora Laurie Starr (Peggy Cummins). Bart desafiará a Laurie y así dará comienzo su relación. Estos dos apasionados de las pistolas pasarán a vivir de atraco en atraco.

La referencia a una de las parejas de atracadores más famosas del cine, "Bonnie & Clyde" (1967) es ineludible. Ambos films tienen mucho en común, de hecho, los personajes de Bart y Laurie están basados en los mismos atracadores que el film de Arthur Penn. Ambos personajes representan hasta dónde lo que la codicia y pasión enfermiza por algo nos pueden llevar. También hay que reconocerle cierta postura misógina. Hay muchos films que se apoyan sobre la figura de la terrible "femme fatale" para que así sea más fácil justificar la actitud del hombre, sin embargo en esta cinta no hay justificación posible. Que Bart tenga remordimientos, no le hace menos culpable o más inocente que a ella.

John Dall venía de rodar el mejor papel de su carrera en "La soga" con Hitchcock y supo darle al personaje el aire atormentado y en cierta manera sensible que necesitaba. La inglesa Peggy Cummins no tuvo una carrera muy destacada y en la década de los 50 se retiró. Dejó aquí y en "La noche del demonio" su recuerdo para la posteridad. Sin ser una actuación destacable, realiza un trabajo más que adecuado.

La dirección de Joseph H. Lewis es de lo más destacable, utiliza la cámara con mucha inteligencia. Hay un soberbio plano secuencia donde nos muestra el atraco a un banco sin salir de la parte de atrás de un coche. En varias ocasiones no podemos ver más allá de la nuca del personaje aunque lo que cuente sea importante, Lewis prefiere enfocarlo de una manera personal y poco vista. Y la realidad es que acierta como nunca. Estamos ante uno de sus films más acertados y con más personalidad, el cual a día de hoy ya se ha convertido en una película de culto entre los amantes del noir.

Sabemos que el cine es una de las artes más costosas de producir, sin embargo hay quien a pesar de los escasos medios consigue compensarlo con talento. Este es el caso de esta película. Se apoya sobre un buen guion y el director le saca todo el partido posible. Y es así como un film consigue seguir deleitando al público más de 60 años después. Otra de esas pequeñas joyas a reivindicar.