Clasicosis

Cine Clásico: 'Monsieur Verdoux', la reinvención de Chaplin.

"Un asesinato te convierte en un criminal, millones en héroe"

Ficha: Monsieur Verdoux.

Hoy traemos a un Charles Chaplin atípico y eso se nota desde las primeras notas que el director y actor compuso para su obra, las cuales parecen sacadas del cine negro. Como reza el póster: "¡Chaplin cambia! ¿Puedes tú?". Esta película está ubicada cronológicamente entre "El gran dictador" (The great dictator, 1940) y "Candilejas" (Limelight, 1952). Por fin se lanza al cine sonoro aunque mantiene el blanco y negro. Charlot ya no aparece, su icónico bigote también ha desaparecido.

"Monsieur Verdoux" (id, 1947) era un proyecto que  Orson Welles había escrito e iba a dirigir y para el cual quería a Chaplin. Ambos comenzaron a trabajar juntos pero Chaplin, que nunca había sido dirigido por un tercero, decidió que prefería ser él quien la realizase. Welles acabó desvinculado del film, Chaplin reescribió el guion y a Welles solo se le concedió el crédito de haber tenido la idea.

Henri Verdoux (Charles Chaplin) era un trabajador de banca que tras la crisis económica se queda sin trabajo. Es ahí cuando decide empezar a conquistar mujeres adineradas para sacarles el dinero. La imagen de Chaplin como un Barba azul y un conquistador puede resultar chocante y él lo sabe. Es por ello que las mujeres a por las que va llevan años sin pretendientes y son ciertamente peculiares: por ariscas, por extravagantes, por ordinarias, etc.

La obra conjuga el humor físico de Charlot con toques de comedia muy negra sin olvidar también el enredo. Sin embargo, lo que aflora a medida que pasan los minutos es una amargura subyacente que se nos pega a la piel. La mejor muestra de ello está en la conversación que Verdoux mantiene con una joven sin dinero. Esta escena desprende una sensibilidad similar a la que respiramos en la posterior "Candilejas".

Ya no está Charlot pero Chaplin sigue ahí. La cinta tiene un clarísimo fin, pone el punto de mira en la justicia. El tema empieza a tener importacia en el último tramo de película y es lo que queda resonando en la cabeza una vez terminado. Normalmente, el realizador británico pone el dedo en temas universales que a día de hoy están bastante más superados. Entre las más conocidas se encuentran la denuncia al nazismo, a las condiciones de los trabajadores o al clasismo social. En esta ocasión su punto de vista es más polémico. Le podemos dar la razón a muchas afirmaciones pero Verdoux es un personaje complejo al que quizás no debamos pasarle todo. Que un film nos ponga en tal encrucijada es digno de alabanza, más allá de lo que pensemos cada uno.

En el año 1947 la comedia de enredo estaba más que explotada y quizás Chaplin, aunque la supo explotar, no le sacó todo el jugo que se podría. Por momentos el film puede parecer algo falto de ritmo. Pero este es el mal menor, también se le puede acusar de ello en alguna ocasión a los geniales hermanos Marx. Estamos ante una fantástica obra del maestro de comedia de la primera mitad del siglo XX.

Chaplin busca reinventarse y lo consigue. Propone un film distinto a todo lo que había hecho hasta entonces sin perder aquello que le hacía especial. Arriesgó y en su momento la crítica y el público no fue lo receptivo que somos las generaciones actuales. Poco a poco el señor Verdoux está recuperando el puesto que merece.