Clasicosis

Cine Clásico: 'Banquete de bodas', derroche familiar.

"Vas a tener una boda a lo grande lo quieras o no. Y si no te gusta, ¡no tienes que venir!"

Ficha: Banquete de bodas.

Estamos entrando de lleno en la época de bodas, evento que puede llegar a ser agotador sobre todo en su preparación. Al hilo de esto viene mi elección de hoy. "Banquete de bodas" (The catered affair, 1956) es un perfecto reflejo de como se puede llegar a perder el norte cuando una familia se embarca en una aventura así.

Richard Brooks empezaba a tener peso en la indrustria de Hollywood cuando apareció con esta pequeña película. Siempre había contando con grandes nombres en sus films desde debutar con Cary Grant. En esta ocasión la sola presencia de Bette Davis es motivo de visión pero también la acompañan Ernest Borgnine, Barry Fitzgerald o Debbie Reynolds lo que suma enteros al film.

Jane Hurley (Debbie Reynolds) decide casarse con su novio Ralph (Rod Taylor) en una ceremonia modesta y sin alardes. Cuando se lo comunica a sus padres (Bette Davis y Ernest Borgnine), las familias políticas se conocen y la gente empieza a opinar, los planes empiezan a torcerse.

A los pocos minutos ya vemos que no estamos ante un film común. La madre es una mujer directa y coercitiva, de las que hablan sentando cátedra y a las que es difícil hacer cambiar de opinión. En una de sus primeras conversaciones con la hija le describe lo que es, según ella, la vida y el matrimonio. Una descripción realista y a su vez pesimista que muestra la visión de una clase media en cuya época tenía poco poder de elección y libertad de movimiento. En este momento empezamos a entender porqué esa madre se comportará de tal forma a lo largo del film. Bette Davis vuelve a regalarnos una gran actuación. Está soberbia interpretando con una naturalidad pasmosa a esta ama de casa y piedra angular de la trama.

El padre es un hombre al que tratan como un cero a la izquierda en la historia. Se deja la piel trabajando para mantener a su familia, una persona sencillo pero a su vez sensible. Una sensibilidad que se le escapa por la mirada como solo Ernest Borgnine sabía hacer. Su personaje recuerda a "Marty" (id, 1955) el cual le valió un Oscar un año antes. Esa resignación y bondad a pesar de estar presionado por varios frentes es tremendamente conmovedora.

Es un film sobre la paternidad, sobre esa necesidad de dar a los hijos lo que los padres no han tenido, sobre cómo reflejan sus miedos o pequeños traumas en los hijos sin darse ni cuenta. Todo esto acompañado de los conflictos que conlleva un acontecimiento de este tipo: herir sensibilidades al invitar o no a alguien, los nervios, las familias políticas o el ceder ante los deseos de otros y especialmente el dinero. Un drama que desprende amargura, sus personajes nos agarran y se nos meten dentro. Vemos a personas reales con las que empatizar. Richard Brooks nos encierra durante casi todo el metraje en ese modesto apartamento neoyorkino que puede llegar a ser claustrofóbico y eso ayuda mucho a sentir la película.

Muchos veces hemos hablado de esos films pequeños que nos conquistan y nos ofrecen mucho más de lo que a priori puede parecer. Estamos en uno de esos casos. Un título muy recomendable más allá de las fechas en las que estamos.