Clasicosis

Cine Clásico: 'No me mandes flores', mi vida sin mi.

- He conocido a muchos hipocondríacos pero ninguno como ese marido tuyo.

Ficha: No me mandes flores.

Hace ya años que hablamos de una de las parejas cinematográficas más recordadas de la década de los 60 pero nunca nos habíamos centrado en uno de sus films. Rock Hudson y Doris Day triunfaron en la comedia romántica de principios de década con títulos que repetían un esquema similar. A día de hoy se han quedado como muestras ingenuas del género pero que siguen siendo efectivas como entretenimiento ligero y con cierto encanto.

“No me mandes flores” (Send me no flowers, 1964) es la última colaboración entre ambos actores y una que rompe la dinámica romántica. Centrada en un hombre hipocondríaco convencido de que va a morir, Rock Hudson nunca estuvo orgulloso de esta cinta ya que creía que no se debía bromear con la muerte. Una afirmación muy exagerada ya que estamos ante un humor muy blanco y hecho para gustar al gran público.

George y Judy Kimball (Hudson y Day) son un matrimonio que retrata perfectamente el espíritu del “american way of life”, enamorados, con buena posición, etc. Pero George es un hipondríaco que cree oírle al médico que le queda poco tiempo de vida. Ahí es cuando decide que antes de morir va a buscarle a su mujer un nuevo marido que le sustituya. Como siempre a la pareja les acompaña Tony Randall, en esta ocasión interpretando al mejor amigo de Hudson. Un hombre que tras oír la noticia de su amigo empieza a beber continuamente.

La trama, no podía ser de otra manera, se enreda a cada escena. Dentro del parecido entre todos los films de estos actores, este es quizás el más distinto. Partiendo de que ya están casados, el juego romántico pega un giro y da un nuevo aire a la trama en torno a las que suelen moverse estas comedias. Aun así, su estilo nunca fue arriesgar así que el film no deja de ser algo típico y previsible.

Lo mejor es que sobre Rock Hudson recae el mayor peso del humor del film. Y el actor siempre tuvo el carisma, talento y presencia suficiente para llenar estos films. Aquí puede desatar su vena más sufridora y hasta neurótica. Day se mantiene en un perfil similar al visto normalmente.

Sorprende ver a Norman Jewison, estamos ante una de sus primeras películas. Quien posteriormente dirigiría “En el calor de la noche”, “El violinista del tejado” o “Jesucristo Superstar”, realiza aquí una dirección discreta. Hay escenas demasiado largas que acaban perdiendo la chispa hasta acabar estiradas demás. Pero si bien este era un realizador en pañales, el guionista Julius J. Epstein dejó su firma en obras imborrables como "Casablanca" o “Arsénico por compasión” en la década de los 40, ahora adaptaba un obra teatral con un humor sencillo que no pasará a la posteridad.

Pese a todos estos inconvenientes, reconozco que es un cine que cumple muy bien su función de entretener. Rock Hudson es el mayor reclamo y atractivo de la cinta. Perfecta para cuando queramos un simple rato de evasión que no nos consuma neuronas.