Clasicosis

Cine Clásico: 'La solterona' cumple 75 años.

Ella cree que no puedo entenderla. Me considera una solterona.”

Ficha: La solterona.

Hacia finales de los años 30, Bette Davis empezó a despuntar en el género del melodrama. Hay ciertos nombres que se repetían continuamente, el de actores como Herbert Marshall George Brent y directores como Edmund Goulding y el magnífico William Wyler. Combinando a estas personas obtenemos una lista de melodramas imprescindibles de la época como  “Jezabel”, “Amarga victoria”, “La carta”, “La loba” o “La gran mentira”.

Hoy celebramos el 75º aniversario de una de las más olvidadas dentro de este improvisado grupo con Davis como nexo de unión: “La solterona” (The old maid, 1939). Un film con dos de las mejores actrices de su época, Bette Davis y Miriam Hopkins y uno de esos secundarios de lujo que ya estaba en el negocio antes de que el cine existiese, Donald Crisp.

Charlotte (Bette Davis) y Delia (Miriam Hopkins) son dos primas muy unidas. El día que Delia se va a casar aparece su antiguo prometido (George Brent) del que Charlotte ha estado siempre secretamente enamorada. Para no desvelar más detalles importantes de la trama, diremos que este encuentro y el comienzo de la Guerra de Secesión harán que las vidas de ambas tomen caminos muy distintos. Delia, está casada y con niños y Charlotte decide crear un orfanato para niños.

El film nos narrará varias décadas en las vidas de estas mujeres. Bette Davis tenía tan solo 30 años durante el rodaje de esta película y sin embargo supo interpretar a la perfección la vitalidad de una joven ingenua y la amargura y resignación que sufre en su madurez. Miriam Hopkins era otra soberbia actriz. Su personaje es mucho más sutil, alguien a quien no llegaremos a conocer en profundidad, dudamos de si sus acciones son malintencionadas o simplemente es alguien fruto de su época y de las imposiciones sociales en las que vive. Ambas actrices, a pesar de tener sus roces a lo largo del film, siempre actúan mostrando cierto cariño la una por la otra, lo que aporta muchísima credibilidad a sus interpretaciones.

El guion de Casey Robinson y Zoe Akins condensa muy bien una trama que se alarga durante tantos años. El último tramo del film se puede hacer algo reiterativo, pero también es el momento donde más vemos como el personaje de Davis sufre y de ahí que la incomodidad que produce lo haga más duro de ver. Lo cierto es que todo lo que ocurre ahí es necesario para el continuo y final desarrollo del la historia. La dirección de Goulding, que otras veces hemos criticado, aquí es muy correcta. Acaba sucediendo casi todo dentro de las mismas paredes y aun así consigue un muy buen ritmo.

Realiza una buena descripción de la alta sociedad del momento y una descorazonadora historia personal. Los roles a los que las mujeres quedaban reducidos y la prácticamente imposibilidad de salir de ellos. No busca ser un film lacrimógeno pero consigue emocionar. Es complicado arrancarme unas lágrimas viendo un film y sin embargo este drama, con su toda su modestia y buen hacer, lo ha conseguido. Es magnífico cuando una cinta te arranca las lágrimas con honestidad y no con trucos, si es que te las arranca. Cada espectador asimila esta historia de una forma distinta, habrá también a quien le deje indiferente.

Los amantes del drama no debería perderse este título. Ni los adoradores de Bette Davis. Es un claro ejemplo de porqué el melodrama de los años 30 y 40 no ha envejecido. 75 años después, y con una trama que hoy, afortunadamente, podríamos decir que ya no ocurre, la película sigue siendo fantástica. Va incrementando nuestra empatía con un personaje sin llegar a enemistarnos con el contrario. La sociedad era así de cruel aunque no se diese ni cuenta.