Clasicosis

Cine Clásico: 'El dragón chiflado' Un viaje por Disney.

- Solo es un dragón, papá.

- ¡¿Solo un dragón?! ¡Oh, el pueblo! ¡Socorro! ¡Viene el dragón!

- No te preocupes, papá. Echaré un vistazo.

Ficha: El dragón chiflado.

El cine documental no es algo que fuese muy famoso en la época dorada del séptimo arte, quizás recordéis 'Häxan' una película danesa y muda que tenía cierta parte de su metraje en un formato documental. Pues a 'El dragón chiflado' (The Reluctant Dragon, 1941) le ocurre lo mismo, pero no tiene una historia tan oscura como la anteriormente citada, en esta ocasión tenemos un historia mucho más simpática y divertida.

El humorista Robert Benchley intenta encontrar Walt Disney para pedirle que adapte un cuento sobre un dragón simpático que prefiere recitar poesía a ser un monstruo feroz. En el camino, se le da un recorrido por Walt Disney Studios, y aprende sobre el proceso de animación.

La diversión de la película es debida a que conocemos uno de los estudios más famosos de la historia del cine, aquel donde se producía la magia que tantos momentos de diversión nos han hecho pasar frente a la pantalla. Así por diferentes departamentos del estudio vemos, desde los primeros bocetos que se hacen para crear un personaje a como se hace en tres dimensiones en arcilla, nos dan una lección de cómo crear efectos de sonido para un cortometraje a cómo funciona el technicolor, además en este punto podemos ver el film en color. Paso a paso, vemos como una idea se va convirtiendo, por arte de magia, en una película o cortometraje lleno de personajes carismáticos.

Todo esto nos lo presenta para llegar al producto final, el cortometraje 'El dragón chiflado', una divertida historia de un dragón poeta al quien un temible mata-dragones quiere como trofeo. Pero un pequeño niño de una aldea cercana hará lo posible para que nadie en esta historia salga perjudicado, ni humanos ni la entrañable bestia, así se encontrará con uno y otro para ver si puede encontrar algo por el que todo el mundo salga beneficiado.

Además de la diversión que nos transmite Robert Benchley, ya que es a él a quien seguimos por el viaja a través del estudio, también aprendemos viendo como se realizaba todo antes de llegar la animación por ordenador, así que se puede decir que todo es un viaje a nuestra infancia.