Clasicosis

Cine Clásico: 'Topkapi', un golpe amateur.

 

- Si mi padre oyera lo que dice, se moriría de risa. (...) ¿Sabe lo que solía decirme? Solía decirme: "Arthur, eres un forúnculo en el trasero de la humanidad". Un forúnculo. No soy nada. Nadie. ¿Yo con una pistola? ¿Yo subido a un tejado? Tengo vértigo, señor. Me mareo, en serio.

Ficha: Topkapi.

Hoy es uno de esos días en los que nos gusta poner el foco sobre un film que está de celebración. El 17 de septiembre de 1964 se estrenaba en Estados Unidos "Topkapi" (id, 1964), film que hoy cumple su 50º aniversario. Con este título Jules Dassin vuelve al cine norteamericano tras 15 años dirigiendo en el extranjero. Dassin es quizás una de la víctimas más conocidas de la caza de brujas por tener el valor de coger las maletas y continuar si trabajo en Reino Unido, Francia o Grecia.

El film se localiza en el Estambul de los años 60, donde se ubica el auténtico Palacio Topkapi. La historia decide aprovechar esta circunstancia e incluir tensiones internacionales en la trama. Estamos ante un film de robos e ingeniosos ladrones pero el incluir el clima político que se estaba vivendo en la época le da un innegable punto atractivo al film.

Con un comienzo entre onírico y psicodélico y rompiendo la cuarta pared, Melína Merkoúri aparece en pantalla presentándose y presentándonos el Palacio Topkapi y los planes de la protagonista. Aún siendo un estilo muy particular, estos primeros minutos consiguen que me acuerde de Max Ophüls y de títulos como "La ronda" (Le ronde, 1950). Tras este inusual arranque se pasa a una gran presentación de personajes. Conocemos a Maximilian Schell atracando con mucha elegancia a una persona cuando Merkoúri le va a buscar para contarle el golpe que tiene en mente. Ambos amantes deciden que el robo lo llevarán a cabo desconocidos que pasen desapercibidos ante las autoridades.

Es así como entra en la acción el personaje de Peter Ustinov, quien se echar el film a sus espaldas. Interpreta a un pardillo que intenta hacer pequeñas estafas. Se encuentra muy presionado y atormentado durante todo el film lo que nos hace preocuparnos de que todo salte por los aires en cualquier momento. Ustinov se hizo con el Oscar a mejor actor secundario, sin duda él es lo mejor de toda la película. Porque hay que destacar los problemas de ritmo que sufre esta cinta. Tiene buenos personajes (y alguno caricaturesco y horrible como el temible policía turco) y una historia que va tomando giros que enganchan, sin embargo, hay cortes en el ritmo que consiguen hacer muy cuesta arriba el visionado. Además dedica demasiado tiempo a la preparación. Para cuando llegue el golpe el espectador ya estará algo desmotivado. El golpe en sí es fascinante. Dassin lo muestra prácticamente en tiempo real y sin palabras si no son necesarias.

Melina Merkoúri está algo pasada de vueltas. Su personaje es una mujer liberada y sin cortapisas pero su gestualidad es demasiado extrema. A Schell por su lado le sienta bien el aire de vividor y caradura confiado. El guion de Monja Danischewsky combina humor y tensión haciendo que el resultado final sea un producto ligero.

Dassin tenía que alejarse de la alargada sombra de "Rififí" (Du rififi chez les hommes, 1955), su obra más recordada. Técnica y narrativamente será imposible no recordarla viendo la ejecución del robo pero intentar poner tierra con su predecesora dándole un estética completamente distinta y un tono menos oscuro. El trabajo fotográfico de Henri Alekan y los planos y exteriores turcos dan mucho aire al film. Sería inimaginable esta cinta sin la música de Manos Hadjidakis, si bien puede que se peque de incluirla demasiado y pueda llegar a ser algo agotadora para el espectador.

Se le pueden poner muchos peros a "Topkapi" y sin embargo consigue dejar con un buen sabor de boca. En el tramo final, que a lo tonto es una media hora, es donde presenciamos el robo. Para cuando termine el film tendremos un recuerdo mucho mejor de lo que preveíamos cuando estábamos a mitad de metraje. Como curiosidad y como se ve en el poster, esta película sirvió de inspiración para una de las escenas más recordadas de "Mision imposible". El creador de la serie de los 60, Bruce Geller, así lo reconoció y Brian de Palma y Tom Cruise la convirtieron en historia del cine.