Clasicosis

Cine Clásico: 'La carta' que inclina la balanza.

"Sé frívola con tus propios crímenes si quieres, ¡pero no lo seas con los míos!"

Ficha: La carta.

Si hay alguien a quien le debemos la imagen de Bette Davis de mujer fría y autoritaria que tenemos en mente es a William Wyler. Entre 1938 y 1941 una de las mejores actrices de la historia y uno de los mejores directores trabajaron juntos en tres películas. De  "Jezabel" (Jezebel, 1938) y "La loba" (The little foxes, 1941) ya hemos hablado. Ahora toca abordar la que falta: "La carta" (The letter, 1940). Si en las dos anteriores estábamos antes claros melodramas, aquí dan un giro hacia el cine negro comenzando con Bette Davis disparando a bocajarro a un hombre.

Existe una adaptación de 1929 de la obra teatral de W. Somerset Maughan. Esta versión se mantiene más fiel al original ya que el Código Hays no estaba en vigor. En 1940, Wyler se vio obligado a darle otro final a la historia para poder pasar el filtro de la censura. El actor Herbert Marshall participó en ambos films, en uno haciendo del fallecido y en otro de marido de Davis.

Leslie (Bette Davis) dispara a un amigo de la familia en lo que ella confiesa haber sido defensa propia. Con la ayuda de su abogado (James Stephenson) todo el proceso judicial parece estar yendo sobre ruedas hasta que una carta que puede comprometer todo el caso aparece.

Bette Davis es el centro de una función que a día de hoy ha quedado algo desfasada. Saturados como estamos de films y serie policíacas donde continuamente vemos casos de asesinato, el caso, las motivaciones, los giros o los descubrimientos no sorprenderán al espectador de hoy. Sin embargo no por ello deja de ser un film sólido. Bette Davis ya es de por sí un buen reclamo. Wyler siempre supo sacar lo mejor de ella. Davis interpreta a una mujer que es a su vez calculadora y reservada. Se mueve entre la frialdad y el ocultar sus profundos sentimientos. La otra sorpresa interpretativa es James Stephenson. Esta actor empezaba a hacerse un nombre en la industria y este film fue su espaldarazo definitivo. Con este abogado llegaría su única nominación al Oscar ya que fallecería un año después de un infarto. La ficción ha tendido a retratar a los letrados como hombres despiadados y sin principios, sin embargo, Howard Joyce es un hombre reflexivo que busca que se haga justicia.

Wyler decide otorgar todo el tiempo necesario a estos personajes. La primera mitad del film está monopolizada por dos escenas principalmente, la primera es donde Davis narra lo ocurrido y la segunda es el encuentro entre ella y su abogado en la cárcel. Cuando nos queremos dar cuenta ya llevamos 40 minutos de película y estamos inmersos en ella hasta el fondo. En el lado opuesto tenemos a Herbert Marshall, ese personaje que está ninguneado hasta la saciedad. Al igual que en "La loba", Marshall es un pelele que poco importa para trama. Pocas veces vemos personajes masculinos tan débiles, es hasta reconfortante.

Si las puestas en escena de Wyler siempre son un deleite, en este film que nos lleva a Malasia todo está cuidado hasta el último detalle. Empezando por los decorados y terminando en el reparto, actores de origen asiático como Ong Chi Seng están fantásticamente dirigidos. Este "mensajero" no pierde la sonrisa pero no por ello deja de decir lo que piensa o de luchar hasta que consigue lo que quiere.

A pesar de sus siete nominaciones al Oscar, el film se fue de la gala de vacío. 1940 fue un año cinematográfico impresionante y poco tenía que hacer aquí Wyler frente a obras como "Rebeca" o "Las uvas de la ira". Sin embargo, el reconocimiento a la magnífica e intensa música de Max Steiner, a la soberbia fotografía de Tony Gaudio o el guion de  Howard Koch son más que acertados. Si William Wyler es de los mejores directores de la historia es por cintas como ésta, aún habiendo envejecido merecen mucho la pena.