Clasicosis

Cine Clásico: 'Mi marido está loco', la eterna pareja en crisis.

- Steve ¿dirías que soy celosa?

- ¿Celosa, tú? No tienes ni un átomo de celos, ni una pizca. Es una de tus grandes virtudes.

- Entonces, ¿por qué quiero romperte la cabeza?

Ficha: Mi marido está loco.

Vayamos con la verdad por delante,  Myrna Loy y William Powell son la pareja de actores con mejor química del Hollywood clásico. Hubo grandísimas e icónicas parejas como Katharine Hepburn y Spencer Tracy, pero que fuesen pareja en su vida real hace más fácil que esa conexión traspasase la pantalla. Durante meses estuvimos analizando su trabajo en la saga "The thin man". Seis entregas en las que con sus más y sus menos en cuanto a calidad, el buen trabajo entre ambos se mantiene siempre.

"Mi marido está loco" (Love crazy, 1941) es su décima película juntos en tan sólo siete años. Al mando del film está Jack Conway, director poco reconocido y sin títulos realmente memorables pero que ya había trabajado cno la pareja protagonista en la recomendable "Una mujer difamada" (Libeled lady, 1936). Y para completar el triángulo que convierte al film en sumamente atractivo para los que nos gusta el clásico, uno de los que firma el guion es Charles Lederer. Tan sólo un año antes Lederer había participado en el guion de la soberbia "Luna nueva" (His girl friday, 1940).

Steve (William Powell) y Susan Ireland (Myrna Loy) están celebrando su cuarto aniversario de casados. Todo va sobre ruedas hasta que aparece una antigua conquista de Steve en el edificio o la madre de Susan y todo se descontrola. Con este arranque se abre una puerta a infinidad de situaciones y escenas que pondrán a la pareja al borde del abismo.

Los primeros cinco minutos de film nos muestran a dos compenetradísimos Loy y Powell, si el público creía (o quería creer) que eran un matrimonio real, es por escenas como la que abre la película. Indudablemente ambos nos recordarán a Nick y Nora Charles, solo que en esta ocasión en vez de verles investigar un asesinato vemos cómo este matrinomio descarrila.

La pareja está fenomenalmente interpretada, eso ya sobra decirlo. Pero además el guion que los mueve quiere enseñarnos a gente real y creíble a pesar de estar ante una comedia de enredo. Comenzar presentando a un matrimonio tan sólido tiene un riesgo cuando en pocos minutos se estarán separando. Sin embargo, los guionistas Charles Lederer, William Ludwig y David Hertz consiguen que entendamos porqué se quiere el divorcio pero porqué no se le cierra la puerta para siempre a esa persona. Los giros en torno a los sentimientos de la pareja están bien medidos. Siendo este el punto más crítico del film, a partir de aquí puede darse rienda suelta a la locura que crece como una bola de nieve.

William Powell da rienda suelta a todos sus registros cómicos. Le saca partido a su sarcasmo pero sobre todo a su humor más físico. Jack Conway con asegurarse que la cámara tiene cinta sería suficiente pero aun así hace un buen trabajo. La película se divide en dos tramos principales con escenas en ambos difíciles de olvidar.

Cuando dos actores están tan encasillados en unos personajes, conseguir olvidarlos es todo un logro para quien realiza el film. Aquí este objetivo se consigue. Loy y Powell trabajaron hasta en catorce ocasiones juntos y esta es una de las que mejor muestra el porqué. Una fantástica screwball que vive camuflada a la sombra de otros trabajos de la pareja.