Clasicosis

Cine Clásico: 90º aniversario de 'Avaricia'.

"Oh, Mac, piensa en todo ese dinero que se nos viene ahora encima. ¿No te da miedo?"

Ficha: Avaricia.

Hoy está de aniversario una de las películas más ambiciosas del cine mudo. "Avaricia" (Greed, 1924) es el primer largometraje de Metro-Goldwyn-Mayer y el primer film rodado fuera de los estudios cinematográficos, una auténtica obra titánica de Erich von Stroheim. Desgraciadamente este sueño se rompió cuando Irving G. Thalberg decidió que la película debía ser acortada de sus 4 horas de duración a tan sólo dos.

A pesar de la obvia negativa de Stroheim, los estudios mandaron a June Mathis editarla. Y no solo eso, toda la cinta sobrante se quemó para extraer nitrato de plata y así recuperar algo de la inversión. Con el paso de los años fueron apareciendo fotogramas que completaban la película y en 1999 se hizo un intento de montaje fiel a la idea del director. No se pudieron añadir nuevas escenas pero con las instantáneas y el guion completo se llegó a montar una película de 4 horas. Lo más cerca que estaremos nunca de la cinta que el realizador austriaco quiso mostrarnos.

McTeague (Gibson Gowland) es un hombre que pasa de trabajar en una mina a convertirse en dentista. Ahí conoce a Trina (Zasu Pitts), una mujer joven, inteligente, cauta... McTeague está enamorado y le pide matrimonio reiteradamente. Todo cambiará cuando a Trina le toque algo de dinero en la lotería y decida casarse con McTeague.

McTeague es un personaje atípico, crudo y nada condescendiente con el espectador. Tan solo viendo su físico nos damos cuenta de que Gibson Gowland no era el prototipo de estrella de cine. Desde su primera escena sabemos que estamos ante un protagonista muy distinto al que estamos acostumbrados, McTeague es un bruto y con un punto aterrador sin dejar de ser una persona común de su tiempo. Trina es uno de esos personajes que fascina al público. Zasu Pitts empieza siendo la perfecta candidata a "novia de América" va transformándose cante nuestros ojos. Y ya no es sólo el punto interesante de que la gente cambia, es también la idea de que los demás se comportan de forma distinta. ¿Empiezan a aparecer fantasmas o la paranoia está justificada?

Al margen de ellos, existen dos tramas paralelas y más pequeñas que la principal que quieren simbolizar los polos opuestos de la respuesta humana frente a la codicia. Por la falta de cinta, ambas historias acaban sin encontrar su hueco en la película y es una auténtica pena ya que podrían cerrar mejor toda la visión del director sobre los diferentes tipos de comportamientos humanos frente a un mismo concepto: el dinero.

Stroheim arriesga muchísimo con esta producción. Saca la cámara a la calle y eso le da una autenticidad mayor, la escena rodada en el desierto de Death Valley es asfixiante. Lo mejor de la película es que muestra una idea reiteradamente pero no cansa. Es decir, sus protagonistas entran en una espiral ascendente de avaricia, codicia y desconfianza, sin embargo, por más que los vemos chocar contra la misma piedra siempre aporta algo subiéndoles un escalón más. Realmente cada tropezón está justificado por lo que hemos visto anteriormente. Hasta sus últimas escenas que son un auténtico delirio pero muy congruente con lo acontecido.

Un metraje que roza las cuatro horas me parece ante todo abusivo. Soy de las que creen que una película está hecha para disfrutar en un visionado continuo. El ritmo, la cadencia o la tensión que se le imprime a un film se pierde al verlo a trozos. Con lo cual, aspirar a entretener durante tantísimo tiempo me parece una labor titánica y prácticamente imposible. Dicho esto y sabiendo que la versión que he visto nunca será lo que Stroheim realmente quería ofrecernos, "Avaricia" es una obra magnífica que con menos duración me habría atrapado bastante más. Pero esto ya es algo personal, mi aversión a los films largos es muy mía y entiendo a quien no le afecte.

En su 90º cumpleaños, que se dice pronto pero hay que tener en mente que este film es de 1924, no podemos hacer otra cosa que no sea levantarnos y aplaudir una inmensa obra distinta a todo lo que se había hecho hasta el momento. Oscura y absolutamente rompedora.