Clasicosis

Cine Clásico: 'Réquiem por un campeón' Historia de un final.

- ¿Quiere ser luchador?

- Nunca imaginé que terminaría así.

Ficha: Réquiem por un campeón.

Cuando hablamos de un drama deportivo, normalmente, suelen ser historias de superación donde al final el protagonista o protagonistas, si se trata de un deporte en equipo, consiguen llegar a su objetivo, usualmente ganar al rival con el que perdió al principio de la cinta, se podría decir que esta es la estructura de un film deportivo del montón. Pero hay excepciones, veáse toda la saga de Rocky. Aunque también tenemos películas como 'Réquiem por un campeón' (Requiem for a Heavyweight, 1962), donde pasamos de la superación a la decadencia del protagonista.

Mountain Rivera (Anthony Quinn) se encuentra al final de su carrera en el boxeo después de un golpe de gracia de Cassius Clay en el séptimo asalto. Su ojo izquierdo está a un golpe de un trauma permanente, sus orejas están como una coliflor, tiene dificultad para hablar por "ser golpeado un millón de veces", y sigue poniéndose en guardia tras escuchar una campana. Está en un momento de su vida donde no sabe qué será de él ya que solo sabe hacer una cosa, boxear. Pero su entrenador, su agente y una trabajadora social con la simpatiza, cada uno de ellos intentarán que el ex-púgil haga algo diferente, alguno de ellos buscarán lo mejor para Rivera y otros buscarán lo mejor para sí mismo.

Debe ser difícil crear una cinta consistente donde vemos al protagonista cayendo en caída libre, pero Ralph Nelson consigue realizar una gran trabajo en la dirección, desde los primeros minutos donde vemos un plano secuencia, todo ello desde el punto de vista del protagonista recibiendo una paliza, podemos intuir que la cosa va a estar bien. Por cierto es el propio Cassius Clay, mayormente conocido por Muhammad Ali, quien se representa a sí mismo. A partir de ese momento conocemos a Mountain Rivera, un veterano boxeador que arrastra múltiples síntomas para que todos intuyamos que esta no ha sido su primera paliza. Todos sabemos que él habrá tenido tiempos mejores en el pasado donde llegó a ser alguien pero ya solo es un saco de boxeo para los más jóvenes, es hora de pasar a otra cosa. Aquí surge el conflicto de la cinta, él no sabe hacer otra cosa, su agente quiere seguir sacando provecho de él, ya que es Rivera es un hombre con pocas luces, su entrenador, solo quiere lo mejor para el que ha sido su amigo durante más de 17 años, y una trabajadora social con la que parece que hay una atracción también quiere llevarlo por el mejor camino y buscarle un trabajo decente.

Anthony Quinn interpreta de forma magistral a Mountain Rivera, el tono de voz y la forma que el actor tiene durante toda la película da mucha credibilidad al personaje. A su entrenador lo interpreta Mickey Rooney, a quien perdimos el año pasado, su participación en el film no es muy grande, pese a que cada escena con su aparición gana en calidad. Jackie Gleason interpreta al personaje más egocéntrico de la cinta, su personaje irradia fuerza, es un hombre muy impetuoso y solo busca su bien propio. A la joven trabajadora social la interpreta Julie Harris quien hace de su personaje una mujer dulce aunque algo manipuladora, ya que intenta llevar Rivera por un camino diferente al que él está a punto de llevar.

Estamos ante un film que bien merece la pena ver, no solo por los amantes del boxeo, ya que el deporte queda en un segundo plano, toda la historia se centra en los problemas que un deportista de elite tiene a la hora de salir al mundo laboral y en las tensiones que surgen con todos los que le rodean o le han rodeado en los últimos años.