Clasicosis

Cine Clásico: 'Tres vidas errantes' vagando por Australia.

- Sundowner. ¿Qué significa eso? A veces me llaman así. Pensaba que era para criticarme.

- No, es la palabra australiana para gente como nosotros. Un "sundowner" es alguien que vive donde se ponga el sol. Es como decir: alguien que no tiene hogar.

Ficha: Tres vidas errantes.

Antes de nada, reparemos un momento ante el cartel australiano de esta película. Sin duda desprende un entusiamo bastante inusitado por el simple hecho de estar rodada y ubicar su historia en Australia. A estas alturas resulta hasta enternecedor. Hoy es el día de la madre y solemos acordarnos de mujeres que pasan por situaciones tremendamente dramáticas, hoy sin embargo quiero recordar a esas madres que hacen que todo parezca sencillo.

Fred Zinnemann había cambiado la carrera de Deborah Kerr cuando confió en ella para un papel opuesto a todo lo que había realizado anteriormente en "De aquí a la eternidad" (From here to eternity. 1953). Dejó su lado más encorsetado y mojigato y dio un puñetazo en la mesa. Aquí ambos vuelven a trabajar juntos y se les une Robert Mitchum, gran amigo de la actriz, quien adoraba trabajar con ella. Esta química entre ellos marca el visionado de la película elevándolo más allá de su calidad.

"Tres vidas errantes" (The sundowners, 1960) narra la vida de un matrimonio nómada que vive en Australia a principios del siglo XX. Ida y Paddy Carmody (Deborah Kerr y Robert Mitchum) trabajan por temporadas en distintas zonas rurales. Tanto Ida como su hijo ya adolescente Sean miran con envidia a la gente establecida en una casa. Paddy, por otro lado está convencido de que esa vida ambulante es la mejor. El complemento perfecto a esta familia es Peter Ustinov, quien tendrá que colaborar con ellos.

Los cinco primeros minutos de película son toda una muestra de presentación de personajes, tramas y tono de la película. Desprende una naturalidad soberbia. Kerr y Mitchum están muy a gusto en sus personajes. Pocas veces estamos ante un guion escrito por una mujer y eso también se siente. El conflicto es profundo y tiene varias capas, no sólo se reduce al laboral de Paddy. Su vida familiar está muy reflejada. Zinnemann nos introduce de lleno en una familia fabulosa. Llena de puntos donde chocan pero que cuando toca remar van todos en el mismo sentido. La frase sin aparente importacia: "No estamos a salvo, tu padre está aún ahí", no es accidental. Los tres son uno, sin fisuras.

Su humanidad, complicidad, amor y lucha se contagia irremediablemente. El guion de Isobel Lennart sabe ir combinando los asunto más domésticos con la dureza de la vida rural y las costumbres o forma de ver la vida en esa época. Kerr y Mitchum están cansados, morenos, sucios y sudorosos. Mitchum no puede dejar de lado el aura de tipo duro pero aquí muestra a una persona mucho más real. Estabamos acostumbrados a verle a caballo pero no a esquilar ovejas con soltura o tener una relación madura con una mujer. Deborah Kerr se alzó con su sexta y última nominación al Oscar (el cual volvió a perder) por un papel para el que aparentemente no se despeina pero que desprende muchísima fuerza, es un auténtico imán para la cámara.

A pesar de lo olvidada que está esta película, Fred Zinnemann consiguió la nominación a mejor película y director. Tiene una estética y fotografía de Jack Hildyard muy de Technicolor pero sin distraer. El rodar en exteriores reales le costó a Zinnemnann y a los estudios más de un disgusto pero mereció la pena. Dimitri Tiomkin pone la música aunque quede en un discreto segundo plano. Estamos ante un film sin dramatismos ni sensiblerías. El espectador sabe reconocer por sí mismo la dureza de tales condiciones y el desgaste que ello conlleva. No necesita jugadas efectistas. Y ese es su gran acierto, gana por su naturalidad. Sin ella posiblemente sería otra cinta más que no merecería la pena reseñar.