Clasicosis

Cine Clásico: 'Escrito sobre el viento' y aun así perdura.

- Bienvenida a Hadley. El pueblo y la familia.

Ficha: Escrito sobre el viento.

Este fin de semana se está recuperando mucho la figura de Rock Hudson al hilo del 30º aniversario de su muerte. Hay dos hechos, uno personal y otro profesional, que suelen ser lo primero que nos viene a la mente. El primero es su valiente confesión en 1985 saliendo del armario y anunciando que tenía sida. El otro es su icónico trabajo junto a Doris Day en tres comedias que marcaron la década de los 50. Mientras tanto, hay otra faceta de su carrera que pasa más desapercibida. Rock Hudson trabajó hasta en nueve ocasiones con uno de los nombres propios del melodrama, el director Douglas Sirk. Hoy he querido recordarle en uno de ellos prácticamente perfecto.

"Escrito sobre el viento" (Written on the wind, 1956) reúne a dos actores consagrados como son Hudson y Lauren Bacall con dos secundarios que terminarían nominados al Oscar. Dorothy Malone lo ganaría. Sirk, el guionista George Zuckerman y los protagonistas repetírían al año siguiente con "Ángeles sin brillo" (The tarnished angels, 1957). Todos excepto Bacall, Bogart no acabó muy contento con la película y le recomendó a su mujer que no hiciese ninguna del estilo.

Lucy Moore (Lauren Bacall) conoce a Mitch Wayne (Rock Hudson) y Kyle Hadley (Robert Stack), dos amigos íntimos desde la infancia. Kyle lleva una vida de playboy. Mitch, que nunca lo tuvo tan fácil, es una persona trabajadora que va salvando a su amigo constantemente. Ambos se enamoran de Lucy al instante. La hermana de Kyle, Marylee (Dorothy Malone) vive en una juerga continua ya que Mitch parece no hacerle caso.

Todos los personajes están muy bien definidos. George Zuckerman no era un renombrado guionista y sin embargo aquí alcanza un muy buen nivel. Hay mucho reflejo de la sociedad de los años 50. Sirk introduce con mucha sutileza, ya no solo temas completamente tabú como la homosexualidad o las aventuras sexuales, sino otros como el resquebrajamiento de la alta sociedad. Los dos personajes más inteligentes, cuerdos o funcionales son sin duda los que están ahí gracias a sus méritos. A los que nadie les regala nada. Por otro lado, los dos niños ricos convertidos en adultos terribles son dos auténticos robaescenas. Sus nominaciones están más que justificadas. Dorothy Malone siempre entra a golpe de jazz típico de night club. Fabuloso personaje que parece una joven malcriada pero que esconde mucho más. A mi parecer, el personaje más fascinante del film. Una mujer moderna, rebelde, sin pelos en la lengua y que va siempre con la cabeza bien alta.

Rock Hudson es una luz en medio de este barco a la deriva. Su porte de galán y buena persona componen la mayor parte de su personaje. El actor, aunque se quejaba de ser siempre el perfecto, tenía facilidad para ello. Mitch es un hombre responsable y en quien se puede confiar, era normal que enamorase tanto. Douglas Sirk sabía aprovechar al actor quien aquí puede parecer que queda eclipsado pero está ahí una de sus mejores virtudes. La película va turnando los momentos de esplendor de unos y otros. Todos tienen sus minutos importantes y ese equilibrio hace que el metraje dure un auténtico suspiro.

Douglas Sirk empieza la cinta por un hecho importante del futuro y eso hace que el espectador entre rápidamente en la historia. Su estética nos transporta a esos coloristas dramas de los años 50. El Technicolor, la casa y los ambientes rurales la ancla irremediablemente en su época. Recuerda en ese aspecto a otros dramas familiares de esos años con "Esplendor en la hierba""La gata sobre el tejado de zinc".

Sirk es un director imprescindible cuyos melodramas transmiten una emoción que consigue atravesar al espectador casi sin que este se dé cuenta de que va dirigido hacia ahí. Aquí, al igual que en títulos como "Imitación a la vida", nos regala una última escena que cuesta olvidar elevando aun más si cabe la sensación de estar ante una película excepcional.