Clasicosis

Cine clásico: ‘Esta tierra es mía’ aunque digan lo contrario.

- Nos aguarda una delicada operación. Hay que extraer el corazón sin matar al paciente.

Ficha: Esta tierra es mía

Existen películas inspiradoras, de esas que tras un buen discurso te dan ganas de levantarte de tu asiento y aplaudir,  “12 hombres sin piedad” (12 angry men, 1957) es una de ellas. Otras películas pueden ser propagandísticas, y como muestra, "El acorazado Potemkin" (Bronenosets Potyomkin, 1925) es perfecta. También existen films valientes, que por su contenido y por momento en que se han rodado merecen todo nuestro respeto, “El gran dictador” (The great dictador, 1940) sería un buen ejemplo de a lo que me estoy refiriendo. Y también existen títulos que combinan estas tres condiciones, “Esta tierra es mía” (This land is mine, 1943) es valiente, veraz, directa y muy humana.

En 1943 Europa se encuentra en plena II Guerra Mundial, y el director francés Jean Renoir, que ya se encuentra en su etapa americana, así que desde allí decide rodar la historia de un ficticio pueblo francés asediado por los nazis y las bombas. Se rodea de un gran elenco, con un siempre inmenso Charles Laughton, en uno de sus papeles más inspirados.

 

En la primera escena ya podemos ver el tono del film al que nos enfrentamos. Una estatua en homenaje a los caídos en la I Guerra Mundial y un periódico volando con la portada dedicada a la invasión de Hitler. A partir de aquí vemos a una serie de personajes que se enfrentan a esta nueva situación de distinta manera. Albert Lory (Charles Laughton) es un profesor cobarde y muy atado a las faldas de su ya anciana madre. Siempre nervioso y asustadizo empieza a descubrir un valor que pensó que nunca tendría. Louise Martin ( Maureen O’Hara ) es también profesora, no está a favor de la ocupación, pero decide que la educación es el mejor medio para que los invasores no consigan su objetivo de cegar al pueblo. Paul Martin (Kent Smith), hermano de Louise, actúa desde la resistencia boicoteando a los alemanes. George Lambert ( George Sanders ) parecía un hombre fuerte y valiente, sin embargo, llegada la hora de hacerse valer prefiere bailar el agua de los nazis creyendo que lo mejor es tener paz y estabilidad a cualquier precio.

Las circunstancias de cada habitante son diferentes, por eso cada uno busca su manera de atajar el conflicto. Vemos el valor y la fortaleza de gente aparentemente insignificante, gente que no tiene nada que perder, mientras que quienes tienen poder y algo que defender prefieren agachar las orejas y esconder el rabo entre las piernas. Vemos la importancia de la educación y la cultura como medio de contrarrestar los totalitarismos. Vemos como la palabra puede aterrar y movilizar a más gente que las armas. Vemos una historia absolutamente maravillosa.

Charles Laughton siempre fue uno de los mejores intérpretes de su época, y en esta ocasión nos regala un perfecto retrato de cómo un personaje evoluciona de forma coherente. Su protegida, Maureen O’Hara, vuelve a compartir pantalla con él en la que yo considero el mejor film de los que hicieron juntos. Y de entre el resto del elenco cabe destacar a George Sanders, con un difícil papel de hombre seguro que, poco a poco, se va resquebrajando.

 

La redondez del guión, con una historia coral muy bien hilada, dando a cada personaje su importancia pero sin desviarse de una trama común, hacen de esta película una experiencia maravillosa. Es de esas historias que cuando acaban estás aún un buen rato con la boca abierta, con la sensación de euforia por la grandeza que acabas de ver y con ese sentimiento admiración y en cierta manera envidia que te hace pensar que si alguna vez tuvieras que vivir algo así te gustaría tener el coraje de algunos de estos personajes.