Clasicosis

Cine clásico: ‘Días sin huella’ sin voluntad y sin escrúpulos.

“Una es demasiado y cien no son suficientes.”

Ficha: Días sin huella.

Billy Wilder siempre será recordado por sus enormes comedias, pero en su época oscura nos regaló magníficas películas tanto de cine negro como dramas. Y el título que os traigo hoy es uno de ellos. Estamos hablando, además, del film que mejor retrata el alcoholismo en la historia de Hollywood junto con “Días de vino y rosas” (Days of wine and roses, 1962) de otro director que también pasará a la historia por sus comedias, Blake Edwards.

“Días sin huella” (The lost weekend, 1945) comienza de forma espectacular, algo a lo que ya nos tenía acostumbrados Wilder. Se nos muestra un plano a lo lejos de Nueva York y poco a poco nos vamos centrando en una ventana en la que dentro vemos a un hombre haciendo la maleta y fuera una botella de whisky colgada con una cuerda. Nos metemos en la casa y vemos a esta persona intentando deshacerse de su hermano y su novia, promete que está bien, que no beberá, pero esas miradas de reojo hacia la ventana nos indican cuales son sus verdaderas intenciones.

Este arranque es desgarrador y nos demuestra que la película no nos va a dar ni un poco de tregua, no vemos el proceso de cómo alguien se convierte en un alcohólico, sino que entramos ya directamente en el problema. En la primera conversación ya palmamos su ansiedad e irascibilidad, sus engaños y sus mentiras.

 

Ray Milland, quién será recordado por esconderse tras la máscara de Darth Vader, realiza aquí una actuación soberbia, todo el peso de la película recae sobre él y sale del paso a la perfección. Muestra un abanico amplísimo de emociones y de actitudes, pero ninguna chirría. Su personaje pasa por momentos de ansiedad, culpabilidad, desprecio, llegando casi hasta la violencia, pero es fundamental su comunicación no verbal, le vemos con la respiración alterada al intentar contenerse, el nerviosismo en sus gestos cuando no puede tener una copa en ese mismo instante, pero hay algo que yo creo que marca su actuación y son sus miradas, la escena en la ópera muestra una desesperación que roza la locura sin pronunciar ni una sola palabra.

Los apoyos que tiene Don Birnam son su hermano Wick (Philip Terry) y su novia Helen (Jane Wyman). A través de estos personajes se nos muestran dos posturas diferentes de enfrentarse al problema, completamente lícitas cualquiera de las dos. Su hermano lleva muchos años cuidando de él, ha sido su red de seguridad y su protector durante demasiado tiempo, ahora ya está harto, se ha cansado de recibir coces cada vez que le ayuda y sus esperanzas de ver a Don recuperado van disminuyendo con cada día que pasa. Por el contrario, Helen es una mujer que nos puede parecer ilusa o frágil, sin embargo es una heroína, ella tenía la posibilidad de huir de ahí, pero decide quedarse y luchar, como dice ella misma, quiere que Don deje de estar enamorado de la botella y se vuelva a enamorar de ella.

 

La labor de confesor no podía llevarla a cabo otro que no fuera un camarero. A Nat le cuenta todo lo que a su familia no le puede decir, se desahoga con él y nos ayuda a entender la lucha interior por la que está pasando, pero también vemos que no hay peor enfermo que aquel que no se quiere curar. Don Birnam es un escritor fracasado que se autocompadece continuamente, se odia, se infravalora, cree estar condenado y lo acepta. Además, es capaz de robar, engañar, destrozar su casa o jugar con los sentimientos de los demás con tal de conseguir lo que quiere, ya no tiene escrúpulos, le da igual herir a quien tiene cerca, está yendo a la deriva sin trazas de que vaya a parar.

En definitiva, que este fin de semana a solas consigo mismo nos sirve para ver lo mucho que puede llegar a cambiar alguien y lo destructiva que una adicción puede llegar a ser. Es curioso ver cómo una de las primeras películas en torno a este tema se puede convertir en la mejor del género. Es un drama sí, pero incluso roza el thriller, van pasando una serie de cosas que van precipitando otras y cada vez estamos más enganchados, sin pestañear, deseando saber cual será el siguiente paso. Sufrimos, pero queremos seguir sufriendo hasta el final, nada de dejarlo a medias. Quien no la haya visto ya sabe lo que tiene que hacer, conseguirla y disfrutarla, porque es impresionante, y si ya la habéis visto, espero que estéis conmigo: esta película es tremenda.