Clasicosis

Cine clásico: “Una noche en la ópera” de locura y confusión.

- "La verdad, no me figuraba yo que la travesía iba a ser tan agradable, yo me veía en cubierta con un camarero sirviéndome champán, pero lo que es aquí, como no me echen el champán por el ojo de la cerradura..."

Ficha: Una noche en la ópera

¡Qué complicado puede llegar a ser elegir una simple frase de Groucho Marx entre una hora y media de joyas saliendo por su boca! Hoy traemos por primera vez al blog a un trío que marcó la comedia durante los años 30 y lo hago con la película que yo personalmente coloco en la cima de sus carreras. Tras genios como Buster Keaton, Charles Chaplin o Harold Lloyd en el cine mudo los hermanos Marx aparecieron en escena y se convirtieron en las estrellas de la comedia del momento. A día de hoy, su humor se mantiene tan fresco y descarado como hace ochenta y cinco años.

“Una noche en la ópera” (A night at he opera, 1935) es el comienzo de varios cambios en la carrera de los hermanos neoyorquinos. Es la primera película en la que el cuarto hermano, Zeppo, ya no acompaña a los otros tres. También es su primer trabajo con los estudios Metro Goldwyn Mayer y con el director Sam Wood, con quien trabajarían en otra de sus grandes películas, “Un día en las carreras” (A day at the races, 1937).

 

En sus anteriores films encontrar un argumento que hile la historia era una tarea bastante difícil, aunque disfrutábamos igual. Pero en esta ocasión, el jefe de la MGM decidió que había que darle al público un hilo a seguir aunque hubiera que sacrificar ciertos sketches. Aunque sigue resultando complejo, diremos que la película trata de Rosa (Kitty Carlisle), una joven cantante de ópera enamorada de Ricardo (Allan Jones), un cantante aún sin mucha repercusión pero ella, a su vez, tiene que dorar la píldora al tenor principal, un engreído que la chantajea, a cambio de ser su acompañante ella mejorará su posición en la compañía. Para que esta relación salga adelante, Ricardo contará con la ayuda de Chico y Harpo Marx. Por otra parte, la adinerada señora Claypool (Margaret Dumont) quiere llevar a la compañía de ópera de Milán a Nueva York e invertir su dinero ahí, para conseguir esto se ayuda de Groucho y su visión de los negocios.

Tras esta premisa se encuentra una de las comedias que más veces he visto en mi vida. Tiene escenas completamente geniales, la del camarote o la de “la parte contratante de la primera parte…” pasarán ya a la historia del cine, pero hay más, la primera escena, con la cena entre Groucho y la rica Mrs. Claypool, o la de la habitación del hotel con el policía y el baile de camas. Todo esto, como siempre, amenizado por los minutos musicales típicos con Chico al piano y Harpo al arpa. Se cuentan innumerables historias sobre la realización del guion, hubo muchísimos nombres implicados que no llegaron a figurar en los créditos (entre otros, Buster Keaton ideó escenas para Harpo) y hasta hicieron una gira por Estados Unidos probando sketches con público real. A pesar de lo caótico que debió ser la realización del film, a día de hoy, no se le puede poner un pero. Es ese caos en cierta manera organizado lo que hace grande a este film, sabes como empieza una escena pero nunca cómo va a acabar.

Los tres hermanos combinan a la perfección abarcando el humor inteligente, mordaz e irreverente de Groucho, el humor más sinvergüenza de Chico y los gags visuales de Harpo. Los tres en acción nos pueden llevar a las situaciones más delirantes sin que nos de tiempo casi a ser conscientes de todos los chistes que están pasando delante de nosotros. Siempre bien acompañados por Margaret Dumont, que tiene ese gesto de no estar entendiendo las bromas que están haciendo a su costa, o en esta ocasión, también tenemos a Sig Ruman , que siempre es un valor seguro para la comedia cuando abre los ojos como platos e intenta dar la réplica a Groucho.


En definitiva, una película que nunca pasa de moda y que uno nunca se cansa de ver. La variedad de situaciones, escenarios, personajes hacen que la experiencia de ver el film sea divertidísima, y la cantidad de chistes y bromas por minuto es tan abrumadora, que, aunque veamos esta cinta una vez al año, nos sigamos sorprendiendo y riéndonos como la primera vez.

 

P.D: Dejo el tráiler de la película, con los tres hermanos ocupando el hueco que le pertenecía por derecho al león de la Metro.