Clasicosis

Cine clásico: “Un lugar en el Sol” entre dos mundos.

- Quiéreme durante el tiempo que me queda, luego olvídame.

Ficha: Un lugar en el Sol

Hace ya unos meses, en Marzo más exactamente, cuando este blog aún era un proyecto y no una realidad, falleció Elizabeth Taylor . El día de su muerte decidí sentarme a ver una de las muchas cuentas pendientes que tengo con la filmografía de esta actriz. Elegí este título porque en ese momento estaba viendo la miniserie inglesa “Accused” y en ella hay un capítulo que se podría considerar homenaje o versión libre y consiguió que me picara la curiosidad.

Con “Un lugar en el Sol” (A place in the Sun, 1951) aprovecho para introducir por primera vez a un actor que ya figura en el firmamento hollywoodiense, Montgomery Clift, y además descubrimos un nuevo lado de George Stevens, alejado de la comedia en esta ocasión. Este melodrama tuvo muchísimo reconocimiento en su momento y ha conseguido mantenerse sin caer en el olvido, sin embargo, yo lo encuentro algo sobrevalorado.

 

George Eastman (Montgomery Clift) es un hombre con pocos recursos que acepta un trabajo en la fábrica de un familiar lejano. Allí conoce a Alice (Shelley Winters) , ella se queda embarazada y planean casarse. Mientras tanto George conoce a Angela Vickens (Elizabeth Taylor) una joven de la alta sociedad de la que se enamorará, con lo cual tendrá que replantearse el rumbo que su vida estaba tomando.

Montgomery Clift siempre aparece en las listas de los mejores actores, a mí sin embargo, consigue no trasmitirme todo lo que necesito para entrar en la película. En este caso su actuación es muy buena, eso es indiscutible, su mirada se va transformando a medida que avanza el film al mismo ritmo que su personaje va evolucionando. Pero por el contrario, tiene un punto de frialdad y distancia que consigue que ni me preocupe ni sufra por su devenir. Elizabeth Taylor nos aporta el glamour, la alegría y la despreocupación de quien vive la vida sin problemas. Y Shelley Winters retrata a la perfección a una mujer sencilla y acostumbrada a luchar que se topa con uno de los mayores problemas de su vida.

Técnicamente el film tiene una factura más que notable con la música de Franz Waxman, la cuidada fotografía de William C. Mellor o la gran ambientación. El ritmo del film es bastante constante consiguiendo que no decaiga en ningún tramo de película.

 

Aun reconociendo que es un buen film, que quien quiera acercarse a él podrá hacerlo sin temor a sufrir ningún desprendimiento de retina ni nada por el estilo, he de decir que la falta de empatía o atracción hacia el personaje protagonista consiguió que viera la película con una cierta distancia, sin importarme lo que le ocurrirá a nuestro indeciso hombre. Obviamente, ver un film sin estar metido en él y sin preocuparse de lo que irá a suceder conlleva una cierta incredulidad y disconformidad cuando alguien utiliza el delicado adjetivo “obra maestra” para dirigirse a él.