Clasicosis

Cine clásico: ‘Tener y no tener’ problemas en aguas revueltas.

- ¿Sabes silbar, no? Sólo tienes que juntar los labios y… soplar.

Ficha: Tener y no tener

A lo mejor exagero, aunque no lo creo, cuando digo que el de Lauren Bacall fue uno de los debuts cinematográficos más potentes en la historia de Hollywood. Tenemos la presencia de Humphrey Bogart y a Howard Hawks tras la cámara, pero es inevitable que al nombrar “Tener y no tener” (To have and have not, 1944) nos venga a la mente esta actriz que con tan solo diecinueve años nos atrapa con su mirada.

A “Tener y no tener” se le puede conceder el mérito de ser de las pocas adaptaciones que superen a la novela original de Ernest Hemingway. Este film nació de una apuesta entre el director y el escritor donde Hawks dijo que sería capaz hacer una buena película de su peor libro. Se acompañó por un guionista que años más tarde, al igual que Hemingway, acabaría ganando el Nobel de literatura, William Faulkner, e hicieron los suficientes cambios como para hacer más atractiva la historia original. Con esta combinación de fortuitos y premeditados detalles fue cómo llegó a ver la luz uno de los títulos más inmortales de la década de los cuarenta.

 

Harry ‘Steve’ Morgan (Humphrey Bogart) es un marinero que vive en Martinica, ayudado siempre por su fiel amigo Eddie (Walter Brennan) buscan clientes a quien llevar en su barco. El momento político en la isla está más inestable de lo normal y Harry recibe presiones para colaborar con uno de los bandos.

Lo más curioso de este film es que estamos media película sin un rumbo marcado, se nos está orientando hacia una dirección, pero no estamos metidos en una trama concreta. Sin embargo, nada de esto importa, nos dejamos llevar por los personajes, su ambiente, su forma de interactuar y nos da igual, es un film tan envolvente que no nos preocupa que no haya un argumento que contar. Obviamente que esto pase se debe al gran atractivo de sus personajes. Bogart es un tipo duro, pero también es un amigo protector, tiene buen humor y respuesta para todo. Bacall por su lado irrumpe en la pantalla como un huracán, desprende un magnetismo que nos hace casi imposible apartar la mirada de ella, y ese dominio para que cada frase que sale por su boca tenga un doble sentido, y cuanto más sórdido sea, mejor, ayuda a que caigamos rendidos a sus pies.

El guion es completamente redondo, tenemos dosis de intriga, humor, sensualidad, sensibilidad, o violencia. Howard Hawks siempre se adjudicó la frase que encabeza este artículo, pero en el fondo no nos preocupa quien escribió qué frase o qué cambios hubo respecto al libro. La realidad es que el film se mantiene por sí solo. La fotografía elaborada por Sid Hickox es impresionante, desde luego, encender una cerilla en la vida real no tiene ese atractivo. Franz Waxman nos vuelve a regalar otra buena banda sonora, esa vez con ritmos más tropicales.

 

Hay quien compara este título con “Casablanca” (id, 1942), donde también tenemos a Bogart en un país extranjero intentando no situarse en ningún bando del conflicto, frecuentando un bar, etc. Considero que si dejas pasar el suficiente tiempo entre ver un film y el otro no tendrás ni porqué caer en esa fácil comparación. Esta película es una maravilla que te absorbe y trasporta a otra realidad durante algo más de hora y media y eso es algo que desgraciadamente no siempre ocurre.