Clasicosis

Cine clásico: ‘Planeta prohibido’ vacío y hostil.

“No quiero ofenderle pero ¿es usted un robot?”

Ficha: Planeta Prohibido

Venga, hoy vamos a cambiar completamente de tercio y vamos a meternos en el terreno de la ciencia ficción, que no, no empezó a finales de los 70 con la saga de “Star Wars”. Había vida extraterrestre desde casi los comienzos del cine. Y hoy vamos a hablar de los primeros valientes que decidieron salir de la Tierra y explorar lo que hay ahí fuera.

En “Planeta prohibido” (Forbidden Planet, 1956) vemos como una nave al mando del comandante Adams (Leslie Nielsen) llegan al planeta Altaire-4 para reemplazar a los humanos que allí se encuentran. En el primer contacto con este país ya se les advierte que no son bien recibidos y que es mejor que se vayan. Quien dice esto es el único superviviente de su expedición, el doctor Edward Morbius (Walter Pidgeon), un filólogo que vive junto a su hija Alta y su robot Robby. Esta peculiar familia vive tranquila y a gusto en este planeta que no es demasiado acogedor con los recién llegados, hay una extraña fuerza planetaria que parece atacar a todos menos a ellos.

 

El profesor Morbius es un pensador que vive encantado aislado de la civilización, no tiene ninguna fe en la humanidad, cree que siempre va a cometer los mismos errores y desde su nuevo hogar decide vivir como siempre ha querido. Crea a su robot Robby incapaz de matar, toda una declaración de principios. Es un ser extremadamente racional y bajo esos valores ha educado a su hija Alta. Por eso la presencia de estos intrusos le perturba tanto y está tan interesado en su marcha, además de que esta visita puede hacer que esta fuerza reaparezca y vuelva a causar problemas.

La tensión que esta historia nos ofrece nos engancha, pero también nos plantea una reflexión en torno al uso de las máquinas o del sistema social en que vivimos con frases como “tranquilo, para mandar solo hace falta saber hablar alto”. Y no solo eso, la película, además, tiene muchos momentos graciosos que giran en torno a amoríos interplanetarios, el sexo de un robot o la ingenuidad social de Alta, por ejemplo. La observación del planeta por parte de la tripulación o el desconocimiento del comportamiento humano tanto de Robby como de Alta provocan grandes comentarios, y lo de Robby tiene disculpa, al fin y al cabo es un robot, pero lo de Alta no tiene perdón de Dios, es inocente hasta decir basta, su padre se dejó ahí una buena laguna en su educación.

 

Los decorados son tremendamente cutres, la música electrónica puede ser hasta un poco cargante y los efectos especiales son muy arcaicos, pero todo esto forma parte de su encanto y han ayudado a hacer de este título una película de culto. Todos los amantes de la ciencia ficción (y aunque no lo seáis, también) disfrutaréis, siempre y cuando consigáis quitaros esos prejuicios hacia unos detalles técnicos que hoy en día chirrían tanto, porque lo importante es la aventura que nos muestran y esta aventura es muy entretenida. Además es una buena manera de ver a Leslie Nilsen sin el pelo blanco y sin hacer una broma cada vez que abre la boca, porque aunque me encante esta película, hay que ser consciente de que este hombre será siempre recordado por “Aterriza como puedas” (Airplane!, 1980) y derivados antes que por esta.