Clasicosis

Cine clásico: ‘Gran hotel’ lujoso por fuera, hueco por dentro.

- Gran hotel… siempre igual. La gente viene, la gente se va. Nunca pasa nada.

Ficha: Gran hotel

Si en mi última aparición por aquí viajamos hasta Alemania , hoy nos vamos a desviar pero no demasiado. Hoy nos quedamos en Berlín, en un lujoso hotel, aunque alemanes no veremos demasiados. Está prácticamente lleno de estrellas hollywoodienses como Greta Garbo o los hermanos Barrymore, John y Lionel .

“Gran hotel” (Grand hotel, 1932) puede enorgullecerse de ser una de las primeras películas donde se cuentan historias entrelazadas y donde varias estrellas de renombre trabajaban juntas en un mismo título repartiendo el protagonismo entre varios. Pero quizás por esto mismo, por ser una pionera en varios campos, el film flaquea en ciertos puntos y a día de hoy se nos puede hacer algo tediosa.

 

En un lujoso hotel berlinés coinciden una famosa bailarina de ballet (Greta Garbo) acompañada siempre por su séquito, un barón en graves apuros económicos (John Barrymore), un hombre de negocios (Wallace Beery), uno de sus empleados (Lionel Barrymore) que ha decidido pasar sus últimos días viviendo una buena vida, una secretaria (Joan Crawford) y cientos de personas más entre clientes y personal. Las vidas de cada uno y las posibles relaciones que surjan entre ellos serán el eje central de la película.

En el apartado estético, la película es una maravilla, el decorado central de la recepción del hotel es impecable e imponente, el vestuario, maquillaje y ambientación del film recrea fielmente la época y momento en el que se cuenta la historia. A nivel técnico, en ciertos momentos podemos sorprendernos con un montaje algo brusco donde el cambio de plano se nota demasiado. En especial recuerdo la primera escena de Greta Garbo donde en cada cambio de cámara casi se puede observar un fallo de raccord.

Al director, el casi novel Edmund Goulding, se le queda grande un proyecto así. Tras la cámara no debió ser fácil lidiar con personalidades como la de Garbo o Crawford, pero frente a la cámara la película no termina de cuajar. Cada trama tiene, más o menos, la misma importancia y tiempo que el resto, pero no a todos nos interesa lo mismo por igual, o no todas las tramas son igual de interesantes. Con lo cual, nuestra atención aumenta o disminuye en función de lo que se nos muestre. Hay personajes que sufren una fuerte evolución, pero puede resultar casi increíble asumir algo así, al fin y al cabo, hemos visto a ese personaje menos de media hora y esa transformación casi repentina chirría, y mucho.

 

Esta película debe mantenerse en el recuerdo por su valor a la hora de ser concebida y por romper un esquema establecido como es cambiar la estructura del film. Pero, analizándola aisladamente, no podemos evitar tener una sensación de que lo que podía haber sido muy bueno se queda en un simple entretenimiento. Eso sí, ya nadie podrá separar nunca a Greta Garbo y su frase en la película “I want to be alone” (Quiero estar sola) que la acompañaría cada vez que se hacía referencia a su retiro y reclusión.