Clasicosis

Cine clásico: ‘Recuerdo de una noche’ con cariño, respeto y comprensión.

- Si se estuviera muriendo de hambre y el dependiente no mirase, ¿robaría una barra de pan?

- Claro que sí.

- Porque usted es honesto. Yo me iría a un restaurante y diría que olvidé el bolso.

Ficha: Recuerdo de una noche

Comienzo el artículo pidiendo perdón por el terrorífico póster que encabeza esta entrada. Por más que busqué y rebusqué todos eran de este estilo, es decir, espantosos. Parece que el espíritu navideño no hizo que los diseñadores se apiadaran de todos nosotros y nos regalaran una imagen algo más agradable.

Tras este pequeño hiato, vamos al lío. Como decía mi compañero Mr. Kaplan, ya estamos un poco más cerca de Navidad y hoy sí que me voy a centrar en un título completamente de la época. Si hay algo común a todos estos films es el hecho de mostrarnos que el ser humano es bueno y generoso, que todos merecemos una segunda oportunidad o que nunca es tarde para cambiar de vida e intentar ser más felices. Es decir, que la dosis de almíbar viene prácticamente de serie en cualquier película a la que podemos ponerle la etiqueta de “navideña”. Obviamente, “Recuerdo de una noche” (Remember the night, 1940) cumplirá con todos estos tópicos, aunque esto no debería ser una razón para tirarla directamente a la basura.

Lee Leander (Barbara Stanwyck) es una ladrona a la que han pillado robando en una joyería. John Sargent (Fred MacMurray) es el abogado de la acusación, cuyo objetivo es posponer el juicio a Lee hasta después de Navidad, ya que encarcelar a una mujer en estas fechas es algo muy complicado. Una vez conseguido su objetivo, John se siente culpable porque pase la Navidad entre rejas así que paga su fianza, lo que no sabe es que ella no tiene donde ir, y como curiosamente ambos son de Indiana, decide llevarla a su pueblo aprovechando el viaje.

Visto así, la película nos puede parecer simple, previsible y hasta insulsa, pero hay que tener en cuenta que tenemos en pantalla a una grandísima pareja, lo demostrarían cuatro años después con el film que los hará inmortales, “Perdición” (Double indemnity, 1944). Esta vez en comedia, MacMurray y Stanwyck demuestran que tienen una gran química, tienen grandes momentos de tira y afloja cómicos, pero sobre todo nos regalan a dos personajes reales, algo tópicos, pero muy creíbles. Si bien, ellos son los protagonistas absolutos de esta casi road movie, Beulah Bondi se encargará una vez más de ser ese personaje entrañable al que hay que adorar sí o sí.

El guion, firmado por Preston Sturges, nos demuestra porqué su nombre ha quedado grabado para la posteridad. Controla esas dosis de azúcar y buenas intenciones, concentrándolas en sólo los momentos familiares del film y además, consigue mantener una trama abierta hasta el final de la película, con lo cual, dentro de lo previsible, tenemos un final con el que especular hasta que llegue, no está todo el pescado vendido desde el tráiler y se agradece. Mitchell Leisen, de quien ya propusimos sus mejores títulos hace tiempo, dirige este film fiel a su estilo, sin arriesgar lo más mínimo encontrando el tono adecuado entre los momentos más distendidos y los más íntimos y emotivos.

Si acostumbráis a echar la siesta del fin de semana viendo las maravillosas tv-movies de sobremesa que la televisión nos ofrece, estad atentos, puede que encontréis una versión de esta cinta protagonizada por Mark Ruffalo antes de ser conocido y Mary Stuart Masterson antes de caer definitivamente en el olvido, pero no os preocupéis si viene Morfeo a buscaros dejaros llevar, no os estaréis perdiendo nada interesante. Es mucho mejor que durmáis un rato y al despertar veáis en familia el título original.