Clasicosis

Cine clásico: 'Con la muerte en los talones' y el corazón en un puño.

“No está mal un secuestro de vez en cuando, pero lo malo es que tengo entradas para ir al teatro esta noche.”

Ficha: Con la muerte en los talones.

Pocas veces una película es tan adorada sin llevar consigo su grupo de detractores que no ven en ella la grandeza de la que todo el mundo habla. Y yo no voy a ser menos, me sumo a la adoración general por este film. Tampoco es muy difícil intuirlo, ya que mi “apellido” se lo debo a una de las dos caras de Eva Marie Saint en la película.

“Con la muerte en los talones” (North by northwest, 1959) es una de esas películas que me han acompañado a lo largo de mi vida, antes en VHS, ahora en DVD, y en el futuro en lo que venga, porque tengo la costumbre (que se está convirtiendo en manía) de verla al menos una vez al año. Esto es algo bastante inusual en un thriller de espías y malentendidos, porque visto una vez, ¿para qué verlo más?, ya conoces las tramas, lo giros, las sorpresas, es más lógico repetir con una comedia con la que te vuelve a reír siempre que la ves, o un drama, con el que tus sentimientos afloran tras cada visionado. Pero esta es una de las cosas que hace grande a esta obra (añada “maestra” quien lo desee, yo no se lo reprocharé) que es endiabladamente entretenida, y todo el viaje es tan placentero que no importa saber de antemano cual va a ser la próxima parada.

La historia de cómo Roger Thornhill es confundido con un tal Mr. Kaplan y todas las consecuencias que esto conlleva consigue que durante dos horas nos planteemos que haríamos nosotros en ese caso. La gran interpretación gestual de Cary Grant, sobreactuada en ciertas películas (especialmente en comedias), nos ayuda a imaginarnos a nosotros mismos en esa tesitura y yo lo digo ya, esos sarcasmos y golpes de humor no los diría, llamadme cobarde, pero frente a un villano como Vandamm yo soy de las que cierra la boca. Sin embargo en este caso, como espectadora, doy gracias a todas esas frases que hacen romper la tensión en la que nos encontramos aunque solo sean un par de segundos.

Ya nadie puede imaginarse a otros protagonistas que no sean Grant y Saint como Mr. Thornhill/Kaplan y Mrs. Kendall/Kent, y eso que le salieron pretendientes como James Stewart o Gregory Peck. Otra mención merece James Manson, soberbio en su papel de malvado cuya misión es que se nos hiele la sangre al verlo y lo consigue en todos y cada uno de sus planos. Hitchcock, en estos años está en su plenitud, en el 58 rueda “Vertigo”, en el 59 este film y en el 60 realiza “Psicosis” algo que está al alcance de muy pocos. En mi opinión, Hitchcock hace suyo lo de “el cine es para entretener”, a través de sus bautizados “macguffins” no va llevando de un paso a otro y cuando nos damos hemos pasado un par de horas de total evasión. Y por nombrar algún detalle técnico, diré que la fotografía me parece espectacular.

En fin, que si aun queda algún despistado que no la ha visto, que lo haga que no se arrepentirá y seguro que a medida que la ve va reconociendo las muchísimas escenas que ha dejado para la posteridad, por nombrar alguna, el ataque de la avioneta, la escena en el monte Rushmore, a Kendall con ese vestido negro y rojo que pasará a la historia del cine, o esos segundos en el tren, censurados en España durante años, además de alguna que otra expresión un poco subida de tono que el doblaje decidió rebajar.