Clasicosis

Cine clásico: ‘De ilusión también se vive’ no sólo en Navidad.

- ¿Es usted Santa Claus?

- Claro que sí.

Ficha: De ilusión también se vive

Cerramos la Navidad con una de las películas más características de la época, aunque curiosamente se estrenó en Mayo. Es algo extraordinario que un film de estas características llegue a llevarse una serie de Oscars en las categorías más importantes, pero el encanto que desprende esta cinta (o la intervención divina de Santa Claus) hizo de este film algo más y acabó llevándose el gato al agua.

“De ilusión también se vive” (Miracle on 34th Street, 1947) es una película típicamente navideña, conjuga la fantasía, las buenas intenciones pero a su vez intenta que aflore el niño que todos llevamos dentro y nos anima a seguir creyendo en fábulas, fantaseando y usando nuestra imaginación.

 

Doris Walker (Maureen O’Hara) es la encargada del desfile que los grandes almacenes Macy’s celebran cada año por Acción de gracias en Nueva York. Está separada y vive sola con su hija Susan (Natalie Wood) , es pragmática, realista y no le gusta llenar la cabeza de su hija de pájaros, desde pequeña le ha enseñado que ni los cuentos de hadas, ni los gigantes o fantasmas y mucho menos Santa Claus es real. El día del desfile el hombre que contrató para hacer del anciano de barba blanca está borracho y decide contratar a un sustituto. Este sustituto será un amable y entrañable anciano (Edmund Gwenn) que se hace llamar Kris Kringle y que está convencido de que es el auténtico Santa. Tal afirmación le traerá más de un problema, pero ahí estará el vecino de Doris (John Payne) para ayudarle en todo lo que pueda.

George Seaton dirige un film con una fotografía discreta aunque cuidada y una música que no destaca especialmente a excepción de los toques navideños. Pero sin duda lo que deja marca es esa capacidad de llevarnos de nuevo a la infancia, plantearnos si estamos demasiado cerrados a disfrutar de la vida sin tener que prever cada paso y sin dejar hueco a la improvisación o al azar. Los personajes están muy bien escritos presentándonos dos visiones del mundo de forma realista y sin ser extrema. El personaje de O’Hara es trabajadora y se apoya demasiado en el sentido común y su vecino Fred es mucho más soñador pero sin dejar de ser un adulto centrado y responsable. No hay ese planteamiento tan típico de comedia donde los protagonistas son seres absolutamente opuestos que se atraen.

Volvemos a ver a Natalie Wood en su más tierna infancia esta vez con un papel mucho más principal y aunque puede rozar el ser bastante cargante su naturalidad ante la cámara y su ausencia en ciertos momentos del film hacen que la niña al final hasta nos caiga en gracia. Aunque el protagonista indiscutible de la película es Edmund Gwenn que con su amabilidad, bondad y punto de locura consigue que queramos volver a creer en los milagros de la Navidad.

 

No me considero una persona navideña, tampoco soy el Grinch, simplemente me producen indiferencia, con lo cual los títulos típicos de esta época suelen dejarme fría, no entusiasmarme demasiado. Sin embargo esta película tiene ese encanto que trasciende más allá de la Navidad y lo convierte en una cinta que se disfruta y que es perfecta para ver en familia, que es de lo que se trata estos días.