Clasicosis

Cine clásico: ‘El hombre con rayos X en los ojos’ no ve el límite.

- James, ¿para qué quiere usted ver más?

- ¿Por qué quiere usted seguir respirando? Para vivir.

Ficha: El hombre con rayos X en los ojos

Parece que, sin quererlo, mi compañero Mr. Kaplan y yo nos hemos puesto de acuerdo para hablar esta semana de científicos que deciden probar en ellos las arriesgadas investigaciones que están llevando a cabo. Hace un par de días se buscaba la juventud eterna y hoy vamos a por la visión a través de los objetos.

Planeé hablar de esta película ya hace unos meses cuando a Roger Corman le cayeron hasta en el carnet de identidad por su mujer avispa, y aunque se compensó haciéndole un hueco en un top 10 de lujo, yo ya tenía ganas de reivindicar uno de sus títulos fuera de las historias de Allan Poe. “El hombre con rayos X en los ojos” (X-The man with the X-Ray eyes, 1963) es un título idóneo para esto, es serie B sí, es Roger Corman también, pero que eso no la estigmatice, al fin y al cabo, Corman recibió en 2009 un Oscar honorífico.

 

James Xavier (Ray Milland) es un oftalmólogo obsesionado con la idea de ampliar la capacidad de visión del ser humano. Trabaja experimentando con animales que acaban falleciendo de un infarto. La fundación que apoya sus estudios decide no darle más dinero, pero el científico al verse tan cerca de su deseado objetivo decide experimentar sobre sí mismo.

La premisa es muy atractiva pero como muchas películas de ciencia ficción con bajo presupuesto hay una innumerable cantidad de detalles mejorables. Muchas veces, esos errores o esa falta de medios no nos importan, forman parte del encanto del film aunque muchas otras que se podrían haber corregido. Me estoy refiriendo principalmente a ciertos puntos del guion que pueden ser incongruentes o cogerse con alfileres, si nos pusiéramos a reflexionar veríamos que la historia hace aguas por varios frentes. También necesitamos algo más que el buen hacer de Ray Milland quien sostiene todo la película. No hay un solo secundario con un personaje atrayente o bien escrito y teniendo a un protagonista bastante egocéntrico y megalómano sí que era necesario que hubiera alguien que humanizara al profesor Xavier. Lo más parecido a este necesario personaje es la Doctora Fairfax (Diana van der Vlis), pero su poco carisma y su gran parecido con la embrujada más famosa de la televisión de la época hacen que perdamos mucho interés.

Pero esto es serie B señores, tampoco nos podemos poner exquisitos. Sí, el director le podía haber dado algo más de ritmo al film y sí, la música de Les Baxter parece más propia de “La caída de la casa Usher” (House of Usher, 1960) pero con una duración de hora y cuarto y un final que nos dará que hablar una vez acabado el film su visión está más que justificada. Por no hablar de que el señor Milland es un grandísimo actor al que merece la pena ver en lo que era el comienzo del fin de su carrera.

 

P.D.: ¿Soy la única a la que ese primer fotograma de los ojos de Milland le recordó muchísimo a una gran escena de Días sin huella?