Clasicosis

Cine clásico: ‘Flor de cactus’ pinchos de diversión.

- Es muy joven, ha tenido muchas experiencias tristes… Yo soy el único hombre decente que ha conocido.

- ¿Eso lo dice ella o usted?

Ficha: Flor de cactus

Rozando el límite. El título de hoy se cuela pegadito al poste a punto de salir fuera. En la lista de razones por las que debe abandonar el blog está que esta película se acerca peligrosamente a mi barrera psicológica de la década de los 70 y que es un tipo de comedia romántica mucho más moderna y de un corte bastante distinto al que estamos acostumbrados por estos lares. Los puntos a favor se encuentran en tres nombres propios, Walter Matthau, Ingrid Bergman y I.A.L. Diamond, tres pesos pesados del cine clásico que por si no lo habéis supuesto ya, sí, ellos han ganado mi batalla interior.

“Flor de cactus” (Cactus flower, 1969) está dirigida por Gene Saks, un curioso director que cuánto más novato, mejor calidad y acogida tenían sus películas. Este es su tercer film que viene precedido nada más y nada menos que por “Descalzos por el parque” (Barefoot in the park, 1967) y “La extraña pareja” (The odd couple, 1968) de donde se trajo a Matthau, directo de ahí a este film.

Julian Winston (Walter Matthau) es un dentista neoyorkino, un mujeriego, un conquistador y el típico hombre que si tiene una oportunidad para mentir y hacer la bola de nieve cada vez más grande la va a aprovechar. Ahora ha decidido cambiar, va a decirle a su novia que en verdad no está casado, todo era una tapadera para no ser cazado, pero el reciente y fallido intento de suicidio de Toni (Goldie Hawn) hace que ser franco sea muy difícil. En medio de todo esto tenemos a la secretaria del dentista, Stephanie Dickinson (Ingrid Bergman) que, como buena escandinava, es seria, regia y tiene más que calado a su jefe.

I.A.L Diamond, que no es el nombre de una multinacional, es uno de los grandes guionistas de la historia del cine (¿os suena “El apartamento”?), normalmente va asociado a Billy Wilder, pero en esta ocasión se las bate el solito a las mil maravillas adaptando la obra teatral. Si algo se le puede agradecer es que dote a todos los personajes de humor, principales y secundarios, sin hacer que el peso del film resida sobre uno en concreto. De hecho se puede decir que Walter Matthau es el protagonista del film, ¿pero acaso la flor del cactus no hace referencia al personaje de Ingrid Bergman? Y oye, que Goldie Hawn se llevó un Oscar por su interpretación, algo tendrá que decir ¿no? Hago un inciso para todos aquellos que estén recolocando sus ojos tras esta última frase, sí, Hawn tiene un Oscar en su haber y es que hay que reconocer que aquí aporta un personaje espontáneo, ingenuo, sensible y bondadoso y creo que no hay ni un momento en el film en que no tenga una expresión facial como mínimo simpática. Que hoy en día no tenga expresión facial hace que reivindique aún más este aspecto de su interpretación. Pero si hay una grata sorpresa en esta película, esa es mi adorada Ingrid Bergman, pocas veces la hemos visto haciendo comedia y es una pena, porque está fantástica. A medida que vamos conociendo más a la persona y alejándonos de la secretaria su personaje se va desmelenando hasta la divertidísima escena en la pista de baile a ritmo de Quincy Jones, encargado de toda la música del film.

El montaje de Saks, muy al estilo “Descalzos por el parque”, no deja duda de que en un momento esta historia fue una obra de teatro, estéticamente también tienen sus semejanzas. Por momentos dudamos que la réplica dada por un personaje sea un simple murmullo que, como en el teatro, está dedicado sólo al público o le hayan oído, pero como estos murmullos suelen ser buenos golpes de humor, la duda no nos importará demasiado. El ritmo del film es perfecto, la cadena de acontecimientos consigue que la hora y media vuele de nuestras vidas.

Por si tras toda esta parrafada no os ha quedado claro, este film me parece más que recomendable para quien le apetezca pasar un buen rato con una comedia romántica. Y sí, me habéis descubierto, he hecho lo imposible para creerme que este título se podría considerar clásico y así pegarme el homenaje de volver a verla y escribir sobre ella, intentaré que no vuelva a pasar. Si habéis llegado hasta aquí, gracias por vuestra paciencia.

 

P.D.: Tranquilos, este nuevo estilo de artículo no se repetirá muy a menudo, creo que los antibióticos, ibuprofenos y demás compuestos químicos se han adueñado de mí.