Clasicosis

Cine clásico: 'Los mejores años de nuestra vida' hay que disfrutarlos.

-Hay que felicitar al ejercito. Entrenaron bien a ese muchacho para usar esos garfios.

-No pudieron enseñarle a abrazar a su chica y acariciarle el cabello.

Ficha: Los mejores años de nuestra vida.

 

Hoy estamos ante una de esas películas que no dejan indiferente a nadie, porque cuenta una historia muy humana, bueno, cuenta tres historias muy humanas, sobre la debilidad del hombre y de como con esfuerzo y perseverancia los tiempos difíciles son superados, ya que, como siempre se dice, tras la tormenta siempre llega la calma. Estamos ante un film casi perfecto, con una estupenda dirección y unas interpretaciones brillantes.

La historia es simple de contar, pero no tan de filmar. Tras la Segunda Guerra Mundial, los soldados supervivientes regresan a casa, algunos en perfectas condiciones, y otros con alguna tara física. En el film veremos la historia de tres de ellos, cada uno de una división diferente del ejercito, y con una historia diferente. Podremos ver como los soldados, al principio, son respetados y tratados como auténticos héroes, pero puede que les cueste adaptarse, por lo que pueden ser tratados, más tarde, como marginados.

William Wyler fue el encargado de dirigir esta grandísima obra, consigue transmitir el sentimiento de los protagonistas de una forma magnífica, y eso es algo complicado, ya que el sentimentalismo puede ser una sensación muy dificil de mostrar y que suene creíble, pero Wyler, te atrapa desde el principio del film, la primera escena, en la que aparece el marinero que ha perdido las manos, es brutal, solo hay que ver la mirada de Dana Andrews, para que se te salten las lágrimas. Robert E. Sherwood adaptó el guión a partir de la novela de MacKinlay Kantor, que también hizo un buen trabajo, manteniendo un buen ritmo, saltando de historia en historia, sin llegar a aburrir durante las más de dos horas y medias del film.

Los tres protagonistas están geniales en sus papeles, Dana Andrews, en el de capitán de aviación, un hombre que vivió momentos difíciles en la guerra, y cuando regresa tiene una mujer que ha vivido intensamente el tiempo que él ha estado fuera. Fedric March, que ya me sorprendió en 'El hombre y el monstruo', en esta ocasión está inmenso, en un sargento que vuelve con su familia, pero que ya no reconoce a sus hijos, que están bastante crecidos y ya no son los niños que él recordaba. Por último, está Harold Russell, un auténtico veterano de guerra, es decir, no es un actor profesional, pero realiza un buen papel, por el que fue premiado con un premio Oscar.

Luego está los papeles femenino, que quedan relegados a un segundo plano, pero que son igual de importantes para la dinámica del film. Myrna Loy, a la cual hemos visto en el ciclo que nos enseño mi compañera, interpreta a la mujer de March, una mujer que ha tenido que criar a sus hijos ante la ausencia de su marido y que cuando este vuelve, lo recibe de una forma muy comprensible, haciendo lo que sea, para que la vuelta sea lo menos dura posible. Teresa Wright es la hija de March, una chica muy responsable, una chica ideal, aunque se deja llevar mucho por sus sentimientos, y eso puede traerle problemas. Virginia Mayo, es la mujer de Andrews, una mujer muy moderna y a la que le gusta demasiado la fiesta y salir todos los días, un comportamiento al que no está acostumbrado su pareja. Y Cathy O'Donnell es Wilma, la novia de Rusell, una chica sencilla y enamorada, pase lo que pase, siempre lo estará.

Sin duda, es uno de los mejores dramas de la historia del cine, Wyler consigue un film redondo, con una gran dirección, un buen guión y se rodea de un elenco que consigue emocionar, sobre todo la historia de Russell, quizás sea por la tara física, pero cada momento es puro sentimentalismo. Una recomendación para los que desconocieran de su existencia.