Clasicosis

Cine clásico: ‘La humanidad en peligro’ por culpa de unos insectos.

- No lo entiendo, hablan como si fuera el fin del mundo.

- Podría serlo.

Ficha: La humanidad en peligro

Una vez acaba la II Guerra Mundial y la Guerra del Pacífico, una vez lanzada la bomba atómica en Hiroshima, en Estados Unidos empezaron cada vez más voces a preguntarse y preocuparse por las consecuencias de la energía atómica. Todas las especulaciones y leyendas urbanas dieron pie a que la ciencia ficción explorase un nuevo territorio: las mutaciones.

“La humanidad en peligro” (Them!, 1954) es una película de culto dentro de este subgénero. Y si se lo ha ganado ha sido gracias a presentarnos un film con una estructura distinta a lo que estamos acostumbrados. Gordon Douglas fue un director de la más versátil que comenzó con Laurel y Hardy, se consagró con los westerns pero que también dejó su huella, en este caso, en la serie B.

 

El sargento de policía Ben Peterson (James Whitmore) encuentra a una niña por el desierto caminando sin rumbo y con la mirada perdida. Empiezan a aparecer por el pueblo mobiliario destrozado y también desaparecen o fallecen habitantes sin que sepamos el motivo. Por esto mismo entra en juego el FBI mandando al agente Graham (James Arness) y a dos importantes científicos, el anciano doctor Harold Medford ( Edmund Gwenn ) y su hija Patricia (Joan Weldon).

La Warner en un principio apostó por esta película pero cuando llegó la hora de rodar le dio un ataque de pánico por si no triunfaba en taquilla (en lo que se equivocó) y decidió recortar el presupuesto drásticamente. Este hecho hace inevitable que los efectos especiales y la recreación de las gigantescas hormigas esté lleno de imprecisiones que a día de hoy resultan de lo más simpáticas. Aun así el planteamiento del film es innovador. Comienza con la intriga de qué está sucediendo y no es hasta la mitad del metraje donde aparecen los primeros insectos. El claro protagonista se va haciendo a un lado hasta convertirse en una película con cuatro personajes importantes. El único personaje femenino no ha venido a ser un simple florero sino que tiene su función y participación en la acción (poca, eso sí, que sigue siendo una mujer). La cantidad de escenas en exteriores y con buena fotografía hace que nos casi nos olvidemos de que estamos frente a un título de serie B. Por todos estos detalles esta película acabaría convirtiéndose en un film de culto.

Por supuesto que podemos encontrar muchos detalles absurdos y puntos de guion más que débiles, pero esto no empañará el resultado de la película. Las actuaciones son de lo más solventes donde cabe destacar a Edmund Gwenn, actor que siempre congenia con el espectador, en esta ocasión su misión está sobretodo en alertarnos de los peligros de la experimentación con la energía atómica y en darnos unas cuantas clases gratuitas de biología.

 

Soy de las que cree que la serie B hay que verla sin prejuicios y con la intención de reírse de todas imprecisiones y fallos, especialmente cuanta más edad tenemos más nos podemos boicotear a nosotros mismos el visionado. Pero una vez que dejamos a un lado las reticencias podemos descubrir títulos mucho más que recomendables como es el caso de este film. Una historia que con un presupuesto más ajustado podría haberse convertido en uno de los mejores títulos de ciencia ficción de los años 50.

 

 

 

 

P.D.: Para todos los adoradores de Star Trek, estad atentos, en un papel de unos treinta segundos y con dos frases tenemos a un jovencísimo Leonard Nimoy.