Clasicosis

Cine clásico: ‘La pícara puritana’ mucho de lo primero, poco de lo segundo.

- Perdone Sr. Leeson, éste es mi esposo. Lo será hasta dentro de… ¿cuánto nos falta aún, 60 días?

- 59.

- ¡Eso es mejor aún!

Ficha: La pícara puritana

No estoy segura, pero probablemente este sea el peor título que se me viene a la cabeza. No os asustéis, no hablo de la película, hablo del nombre que decidieron ponerle en castellano a una película cuyo título en inglés se podría haber traducido como “La terrible verdad” o algo por estilo. Puede que en los años 30 este título llamase la atención de quien se acercaba al cine, pero a día de hoy, dan ganas de echar a correr.

Sin embargo, el film que hoy nos ocupa es una maravillosa comedia. Para entender la grandeza de este film, aparte de por el grandísimo rato que nos hará pasar, hay que contextualizarla. “La pícara puritana” (The awful truth, 1937) es, por su fecha, anterior a intocables del género como ‘La fiera de mi niña’ (1938) o 'Historias de Filadelfia' (1940). Leo McCarey un estupendo director de lo más olvidado, consiguió una comedia alocada, con ritmo y ciertos puntos de melancolía, algo muy típico de la casa McCarey.

 

Lucy (Irene Dunne) y Jerry Warriner (Cary Grant) son un matrimonio aparentemente moderno que por celos se acaba divorciando. Durante los 60 días que tendrán que esperar hasta que la sentencia los separe definitivamente, tanto el uno como el otro van a intentar estar siempre ahí para molestarse y burlarse en cuanto tengan ocasión. Lucy conoce a Dan Leeson ( Ralph Bellamy ) un hombre bastante pegado a las faldas de su madre que sólo sueña con llevarse a Lucy a su adorada Oklahoma natal.

Cary Grant estaba convencido de que la película no funcionaría, por eso puede ser que su actuación no sea de esas que suelen marcar la película. O también puede ser que Irene Dunne esté en absoluto estado de gracia y que eso consiga eclipsar al galán por excelencia. El personaje de Irene Dunne es un auténtico caramelo para una actriz de su talento, tiene que ser sarcástica, ridícula, demostrarnos ciertas emociones más profundas en cuestión de segundos sin perder la coherencia, cantar con su gran voz o con una nasalizada y absurda, bailar a destiempo, hacer distintas voces y hasta jugar con el perro, desde luego trabajo no le falta.

Al igual que trabajo no le faltó a MacCarey, que en 1937 rodó dos películas: la impresionante 'Dejad paso al mañana' y ésta, ambas escritas por la guionista Viña Delmar . Acabó llevándose el Oscar al mejor director por esta screwball donde el ritmo no decae en ningún momento. A través de una transición de secundarios y avance de la historia consigue no agotar al espectador, cuando ya no hay más jugo que sacar, es mejor ir a lo siguiente. Y, en mi opinión, este detalle es uno de los más importantes del film ya que existen muchos ejemplos donde la trama es una huída hacia delante haciendo la bola cada vez más grande, con lo que el espectador al final acaba exhausto. También es importante tener el tacto de McCarey, está bien hacernos reír, pero si además nos haces creer que los personajes son reales, sienten, padecen y evolucionan, la experiencia es muchísimo mejor.

 

No lo digo todos los días porque sería repetirme demasiado, pero por supuesto, siempre es mejor disfrutar la película en versión original, pero hoy hago especial hincapié. El doblaje destroza el film, la voz de Cary Grant es de lo menos acorde que podían haber encontrado, el acento y forma de hablar de Bellamy desaparece y el gran trabajo de Dunne se pierde en la traducción. Si luego veis la película y no le encontráis la comedia por ningún lado, a mí no vengáis a quejaros, avisados estáis.