Clasicosis

Cine clásico: 'Traidor en el infierno' descafeinado

 

- Vosotros podéis ser héroes, de esos que ponen el pecho ante las balas. Yo vivo aquí muy bien, procuraré estar lo más cómodo que pueda. Si tengo que comerciar con el enemigo para procurarme más comida o un colchón lo haré cien veces.

Ficha: Traidor en el infierno

Al igual que ya hiciera Fernando Trueba hace 19 años, Michel Hazanavicius agradeció su Oscar al gran Billy Wilder. Es difícil hablar de una mala película de Wilder, puesto que un film de segunda fila del director es mejor que cualquier película de muchos directores. Sin embargo hoy, con todo el dolor de mi corazón, traigo uno de estas cintas que viendo la trayectoria de este genio se puede tachar de “secundaria”.

Me he quejado muchas veces de las traducciones de los títulos, pero en esta ocasión me parece un título más potente y hasta poético el que recibió en España. “Traidor en el infierno” (Stalag 17, 1953) nos trae al Wilder más comprometido contra el nazismo que tanto él como su familia sufrieron. Le da una nueva visión centrándose en un emplazamiento poco explotado antes: los campos de concentración de los prisioneros de guerra.

 

Tras un intento fallido de huída (que acabará en muerte) por parte de dos prisioneros del barracón 17, los presos empiezan a sospechar que hay un topo que está informando a los alemanes. El primer sospechoso será Sefton (William Holden), un hombre que resignado a vivir ahí decide que va a intentar hacerlo lo mejor posible. Le da igual negociar con alemanes, no hacer amigos siempre y cuando pueda tener una estancia tranquila.

La tensión entre los miembros del barracón aumenta por minutos, pero el film se ve interrumpido en muchas ocasiones por la vida diaria del campo de concentración. Las visitas diarias del sargento Schulz (Sig Ruman) o las ideas de bombero de la pareja formada por Animal (Robert Strauss) y Shapiro (Harvey Lembeck) llevan la carga cómica del film. Esta parte, aunque ameniza la película, le hace perder bastante dramatismo e intriga llegando a ser hasta una historia amable, algo difícil de concebir dado que, no nos olvidemos, estamos hablando de prisioneros de guerra viviendo bajo el yugo nazi.

William Holden ganó un Oscar por esta interpretación. Su actuación, basada en una potente mirada, refleja a un perfecto cínico al que en cualquier otra ocasión despreciaríamos. Sig Ruman da vida a un sargento nazi que se hace el tonto más de lo que parece bajo una fachada simpática y bastante ridícula. Y como curiosidad, también podremos ver a Otto Preminger en su faceta interpretativa. Del resto del reparto, que es bastante amplio, hay que destacar a Robert Strauss. Su “Animal” casi eclipsaría la película si no fuera por Holden.

Billy Wilder no saca a relucir toda su maestría tanto en guión como en dirección. La película pierde el rumbo por momentos sin saber muy bien por dónde quiere tirar. Las subtramas paralelas consiguen eclipsar por momentos a la historia principal. A pesar de este gran inconveniente, sigue siendo un título bastante recomendable siempre y cuando no se vaya con las expectativas de encontrar una de sus grandes obras.